-El problema de un trasvase es que crea unas expectativas falsas a quienes lo reciben. Se cambian los hábitos y se produce un problema cuando hay escasez de agua en la cuenca hasta entonces excedente. Los ecologistas defendemos que cada territorio tiene sus recursos de agua propios y a ellos debe adaptarse. Los trasvases son obras faraónicas que siempre son perjudiciales.
-¿Por qué?
-Puede haber problemas en muchos ámbitos. Por ejemplo, en la propagación de plagas de una cuenca a otra. En el Ebro existe un problema con el mejillón cebra. Si se trasvasara agua a los embalses del Zadorra en una situación de sequía, sería inevitable que la plaga se extendiera a las cuencas vizcaínas. El trasvase de fauna de un ecosistema a otro es un gran problema. Hay que tener mucho cuidado en cómo se trata al agua
-Parece que todo lo que lleva el río es agua sobrante, que se pierde en el mar.
-Es una idea muy equivocada. Los ríos deben tener agua y no se pierde al llegar al mar, sino que es su curso natural y así debe ser. Y si lo interrumpiéramos, el delta del Ebro o Urdaibai no serían las zonas ambientalmente privilegiadas que son ahora.
-De todas formas, sólo nos acordamos del agua cuando falta.
-Eso es lo que nos desespera. En cuanto se elimina el riesgo, nos ponemos a regar los jardines públicos con agua potable. Por eso nos negamos a grandes obras de infraestructura, porque primero hay que demostrar que somos capaces de hacer una buena gestión del agua que ya tenemos.







