
-«Yo no sabía qué decir -admite Loquillo, José María Sanz en su carné, sentado en un café de Bilbao horas antes de iniciar la promoción española de su último trabajo-. Estaba ante alguien que es la encarnación del rock and roll antes de los Rolling Stones o los Who y que, cuando eleva la voz, se va a registros situados por ahí arriba. ¿Cómo podía yo enseñarle algo?».
En realidad, Hallyday, el icono francófono considerado el equivalente europeo a Elvis Presley, propietario de 18 álbumes de platino y vendedor de cien millones de discos, tan sólo estaba demostrando que es una estrella que sabe envejecer, que con 40 años de oficio a sus espaldas todavía es un tipo deseoso de aprender. Bendita curiosidad. «Comentó que quiere cantar en español y también romper en el mercado americano y creo que eso es lo que le ha mantenido en su sitio», sopesa el cantante catalán.
Claro que, no olvidemos, estamos en un encuentro de viejos rockeros. De nuevo en el estudio de París, nada más entrar en la sala de grabación, Hallyday apunta con el dedo a Loquillo, impecablemente vestido con un traje negro, y le espeta: «Quítate el jersey y enséñame los tatuajes». Santo y seña del rock and roll. A continuación, dispara como una ametralladora: «¿Tienes familia? ¿tienes amigos? ¿cuántos años tiene tu hijo? (se quita las gafas de sol y se las entrega a Sanz). Son para tu hijo. ¿Sabes? Llegas a una edad como la mía en que todos mis amigos se han muerto. Me acuerdo de Jimi (Hendrix)».
Toda la carga de nostalgia del encuentro viene a cuento de un hecho: la inminente publicación de 'Balmoral', primer y lujoso disco tras la ruptura de Los Trogloditas -acontecida en 2007 durante el último concierto de la banda como telonera de los Rolling Stones en Almería-, con el que Loquillo celebra sus treinta años de profesión y que festeja impartiendo una lección de rock magistral, adulto y legendario. El álbum, grabado en Andoain, Barcelona, La Toscana y Praga, será lanzado por Warner el próximo martes, una vez superado el sobresalto sufrido la pasada Semana Santa cuando unos ladrones robaron al músico Sabino Méndez, compañero de décadas de Loquillo, dos ordenadores personales que contenían su última novela y algunos archivos músicales del disco. Éste incluye registros insólitos ('Sol', del propio Sabino Méndez, se sale de todas las previsiones al rozar, sí, es cierto, la música disco), canciones crepusculares ('Hotel Palafox') y, sobre todo, la devastación rockista de 'Hermanos de sangre' o 'Cruzando el paraíso'.
Es decir, 'Balmoral' representa un reflejo de lo que el cantante de El Clot venía advirtiendo desde sus primeros trabajos en solitario o la composición de la banda sonora de 'Mujeres en pie de guerra', documental grabado por su compañera sobre las mujeres republicanas: madurez y la actitud de un clásico que ya no necesita reivindicarse como estrella. Le escoltan en este trabajo -que estrenará el viernes en Madrid y, un día después, en el Kafe Antzokia de Bilbao- el poeta Luis Alberto de Cuenca y el 'dream team' del rock Jaime Stinus, Igor Paskual, Jaime Urrutia, Carlos Segarra, Juan Mari Montes y Sabino Méndez.
-Han pasado tres décadas desde 1978, cuando tocaba en un cabaré de Las Ramblas. ¿Se siente mayor?
-Me siento con los mismos ideales que entonces: fidelidad con uno mismo e inconformismo con lo que tienes. En caso contrario, hubiera sido estibador del puerto como mi padre. Siempre he pensado que vivir enfrente de las vías del tren, situadas delante de mi casa, me ayudó a pensar desde niño que el mundo era muy grande y que debía salir. Siempre voy escapando. Cuando me colocan en un sitio voy a otro. Y en ese vaivén me han levantado muchas actas de defunción.
-Acaba de disolver Los Trogloditas, banda histórica en el rock español.
-Al morir Guillermo Martín (guitarrista, fallecido de cáncer en 2006) pasé un periodo muy difícil de mi vida. Luego pensé que, sin 'Guille' y con un único miembro original de los 'troglos', era físicamente imposible volver a aquella banda. No obstante, tuvimos la fortuna romántica de poder cerrar ese ciclo de la mejor manera posible al hacer de teloneros de los Rolling Stones y los Who en 2007. Certificamos el lema 'la gloria antes que el poder'.
-¿Se siente en la cresta de la ola tras esas dos giras? Con 'Balmoral' parece reivindicar que un rockero aún puede tener poderío a los 47 años.
-Empiezo de cero con 47 años. En este disco se han invertido tres años y mucho dinero, algo muy raro en la industria actual. 'Balmoral' me va a permitir proseguir luego con otros proyectos: un disco en torno a la poesía de Luis Alberto de Cuenca, terminar mi segunda novela y centrarme en un documental sobre la historia de Loquillo. Más que en la cresta de la ola, me siento satisfecho. Es cierto que no sueno en las radiofórmulas y sé que es por mi carácter. Tampoco quiero influir en las decisiones de mi país, ni me siento a la mesa de príncipes ni estoy en un clan de los que ahora abundan en la música. Pero la gente viene a verme.
El chollo
-¿Ha pasado hambre alguna vez?
-Mis momentos duros fueron a principios de los 90. Las discográficas no me contrataban y muchos medios ni me mencionaban. Pero busqué un público que entendiera mi manera de hacer las cosas, empecé a trabajar y sigo apoyado por ese público, que no es idiota.
-¿Cree que hay mucho engaño en la industria musical?
-El rock actual necesita artistas mediocres y fáciles de manipular, cosa por la que algunos no hemos pasado. Ahí está el caso de Barricada, reivindicados 25 años después cuando han visto triunfar a multitud de imitadores que cobran tres veces más que ellos.
-El mercado no es el de los 80.
-La especulación ha llegado al rock y los que invertían en inmobiliarias ahora lo hacen en festivales. Los artistas se han convertido en sangre para la máquina, como cantaban Ilegales. Importa lo que se va a invertir y lo de menos es que el artista haga setenta galas seguidas y cobre la mitad de la mitad. Pero, como en el 'boom' de la construcción, cuando eso se acabe, se acabó y muchos tipos se quedarán fuera. Porque también entiendo que bastantes empresas y operadoras se han convertido en un chollo para numerosos grupos.
-No parece que esa hornada vaya a pensar igual: han surgido muchas bandas y las cifras que manejan tampoco son desdeñables.
-Sí, pero es una trampa. A Dani Martín, de El Canto del Loco, le dije una vez: «Cuidate de los idus de marzo. El día que seas mayor dejarás de sonar».
-De nuevo, la edad.
-No, eso se debe a que hay mucha falta de respeto al creador, aunque no entre el público. España es un país muy fan de sus artistas y ese es un gran valor. La falta de respeto está en algunos medios, en muchos de quienes mueven la industria, en el Ministerio de Cultura He visto colocar a gente en la lista negra y quitarles actuaciones, pero a diferencia de cuando yo empecé, en que eso lo hacían personas que tenían 45 años y les gustaba Camilo Sesto, ahora lo hacen admiradores de Tom Petty y Elliot Murphy pero que ponen a David Bisbal. Eso es muy retorcido.
-La generación de Loquillo va haciéndose adulta
-Fui el de la chupa de cuero, pero ahora hay gente de 20 años que lo puede hacer mejor. Sí, el rock en España empieza a ser mayor de edad y su prueba son los 'revival'. Lo malo es que eso conlleva un intento de convertir al rock en entretenimiento puro y duro y es más que eso; puede cambiar la vida de la gente y, de hecho, sigue cambiando la de muchos chavales de 15 años.
-Rinde homenaje al Balmoral, un famoso bar de Madrid ya cerrado. ¿Es un reconocimiento a ese paso del tiempo?
-Balmoral es fin de siglo, un estilo de vida que no existe. Era uno de esos locales donde quedaban los poetas, músicos y actores, no ponían música, se podía hablar y cerró por la especulacion. Somos una generacion del siglo XX que posiblemente está envejeciendo mal.
-Hablando de madurez, ¿le asustó hacer un dueto con alguien que ha actuado para 15 millones de espectadores?
-Grabar con Johnny Hallyday es grabar con Francia y con 35 años hubiera estado cagado. 'Cruzando el paraíso' es una canción que siempre pensé que debía cantar con alguien. Lo que menos esperaba es que él la eligiera. Cuando se lo comuniqué a su autor, Gabriel Sopeña, no se lo podía creer. Fíjese. Sopeña es catedratico de Historia Antigua en la Universidad de Zaragoza y hace un programa de jotas en la television aragonesa. Y el Elvis europeo le elige.
-¿De qué hablaban ustedes?
-Hallyday me regaló sus consejos. El mejor: «En la vida hay cosas difíciles, pero no imposibles. Sólo hay que desearlas».
-Es posible imaginarse a ambos en el estudio, con sus trajes ceñidos de cuero negro.
-En absoluto. Nunca hubiera ido de cuero. Él es el rock and roll.







