Cuando esta hermandad la eligió como vicesecretaria, sin que ella se presentara candidata, comenzó su particular calvario. El párroco del pueblo le aconsejó que se diera de baja de la hermandad por voluntad propia, «para que nadie se enterase, pero yo me negué», relata la afectada.
Después, el Obispado remitió un escrito a la junta directiva de la hermandad exigiendo su expulsión por su «conducta manifiestamente escandalosa», a pesar de que pertenecía a ella desde que nació, hace 54 años.
María ha impugnado la decisión de esta junta directiva de echarla; su caso está en manos de un abogado y no descarta acudir a los tribunales «si hace falta». «Soy cristiana, pero van a hacer que reniegue de mis principios, porque este tema me duele en el alma y que me haya casado con otra mujer no es motivo de escándalo en este siglo XXI», se lamenta la peluquera.
Hoy recibirá el apoyo de decenas de vecinos en la tradicional romería de la Virgen de la Encarnación, en la que vestirán camisetas donde se podrá leer 'Encarnación, sin discriminación'. «Nadie me ha dicho que no esté conmigo, al contrario; son muchos los que me han expresado su apoyo, incluso personas mayores, a las que siempre les cuesta más comprender que hayas decidido compartir la vida con una pareja de tu mismo sexo», indica.
«Gracias a Dios, hoy vivimos en libertad y democracia», afirma María, cuyo caso es similar al de otra mujer del pueblo: una divorciada a la que no se le ha permitido acceder al cargo de hermana mayor, asignado por sorteo, por haber roto su matrimonio.







