
DE TODO UN POCO
Tres años más tarde, en una nueva visita que levantó ampollas, mandó otro recado a sus colegas. «¿Para qué quiere Bilbao tantos hoteles? Es peligroso», volvió a alertar, tras subrayar los «efectos» que generaría «el enorme desequilibrio» de la oferta y demanda. Admitió que era más fácil levantar hoteles en Bilbao que sobre el tablero del 'Monopoly', y auguró que el negocio «podría venirse abajo».
Sus mensajes cayeron en saco roto. La oferta creció de forma desmedida -7 nuevos edificios- y rebosante de glamour con el comienzo del nuevo siglo. Sofía Loren inauguró el Gran Dómine de Mariscal (145 habitaciones) y el arquitecto mexicano Legorreta reunió en su lujoso Sheraton (212) a la flor y nata de la clase política y empresarial vasca. La cadena Hesperia dio por partida doble. Al hotel de La Misericordia, pegado a San Mamés, lo acompañó de un 'hermano' aún mayor, con el del Campo Volantín, de 151 habitaciones. La ciudad vivió una euforia sin precedentes en la que la estética jugó un papel decisivo. Bilbao se puso de moda y descubrió su particular 'Eldorado' hotelero. Había que hacerse «visible», pero no de cualquier forma.
Por ello el diseñador catalán Antonio Miró puso firma a 'su' Miró de Mazarredo. Con 50 habitaciones, algunas menos de las que se adecuaron en el otro extremo de la ciudad. En la calle Bidebarrieta, concretamente, con la rehabilitación del coqueto Petit Palace. El ex presidente del Barcelona Joan Gaspart también colaboró en la ampliación de una oferta que dejó boquiabierta a la parroquia turística con su Husa de Albia, junto a la iglesia de San Vicente. De golpe y porrazo la ciudad contó con 900 nuevas habitaciones.
Este desenfreno no pasó desapercibido para nadie. Menos aún para los profesionales locales, que nunca han ocultado su inquietud. Hace tres años el ex gerente de Destino Bilbao, sociedad que aglutina al 80% de la oferta hotelera del Gran Bilbao, fue tajante. «El número de hoteles es más que suficiente», reflexionó en voz alta. José María Oteo tildó de «comprometida» la situación del sector al recordar que entre 1995 y 2005 la oferta se había duplicado hasta alcanzar las 2.500 habitaciones.
Baja ocupación
Y no para, pese a que los hoteleros han vuelto a ver defraudadas sus expectativas -otra vez- en la pasada Semana Santa, con unos pobres índices de ocupación. A duras penas alcanzaron al anhelado 60%, promedio que separa, según los expertos, la rentabilidad del fracaso comercial. A pesar a ello, nadie se atreve a reconocer en público lo que es un secreto de puertas adentro: ¿Cómo es posible que no dejen de levantarse nuevos edificios si los que funcionan se las ven y desean para cumplir objetivos? El relaciones públicas de un céntrico hotel compara el estado del negocio con la actividad de las tiendas de lujo. «Uno pasea por la calle y casi siempre las ve vacías. Con los hoteles pasa tres cuartas partes de lo mismo. Hay muchos y a algunos no les va nadie bien, aunque nadie lo quiere reconocer», remata la fuente.
Y, sin embargo, Bilbao sigue ejerciendo un efecto magnético. Los últimos en echar a andar dibujan un panorama halagüeño. Portavoces del Sheraton, que inició su andadura en diciembre de 2003, aseguran que el negocio «crece a buen ritmo» y que su funcionamiento supuso «un duro golpe» para «algunos» rivales, pero que éste ha sido mitigado en parte por un crecimiento «lento» y «desequilibrado».
Criterio que defiende la consejería de Industria del Gobierno vasco. «Si se abren hoteles es porque hay negocio. Los empresarios no son tontos», razona un portavoz del Departamento que dirige Ana Aguirre. Y nadie cuestiona la influencia del sector hotelero. El último informe del Instituto Vasco de Estadística (Eustat) sitúa en 1.810 millones de euros la riqueza generada por los hoteles, lo que supone el 3,8% en el conjunto de la economía vasca. Más de la mitad de esta cantidad se genera en Vizcaya. Sólo los de este territorio -fundamentalmente los de Bilbao- mueven un negocio superior a los 125 millones de euros. Ocupan a cerca de 3.000 personas, un 25,4% más que hace una década, pese a que el grado de ocupación -56,77% en 2007- ha bajado desde entonces seis puntos. Siguen sin remontar el vuelo tras el estallido del 'efecto Guggenheim'. Y 2008 no apunta nada bueno. Han cerrado los dos primeros meses del ejercicio con índices de alojamiento inferiores al 50%.
Múltiples inversiones
Parámetros que, lejos de hacer mella, parecen estimular las inversiones. Se prepara una avalancha de nuevos hoteles, algunos en proyecto y otros en ejecución. Ibis abrirá antes del verano un local «económico» en el antiguo solar de los cines Ideales, Sercotel acondicionará el suyo en el Coliseo Albia -ya en obras-, en la la Torre de Iberdrola irá otro, la cadena High Tech recuperará uno de los edificios más elegantes del Casco Viejo y el grupo burgalés Segura promueve un '4 estrellas' que se asomará, a principios de 2009, en Mina del Morro.
Sin embargo, la expansión hotelera no se limita a la capital vizcaína. NH levantará uno en La Avanzada, a muy pocos metros Barceló también desembarcará en Getxo y Holiday Inn aterrizará con un hotel pegado al aeropuerto, en un parque empresarial de Derio. En total, mil nuevas habitaciones a añadir a un mercado al borde de la saturación. «No vemos la necesidad de más plazas visto los datos de ocupación», argumenta Fernando Sánchez Crespo, presidente de Destino Bilbao. «Esto es demasiado. La ciudad no da para más», se lamenta otro responsable de una cadena nacional. «Aunque, paradójicamente, es verdad que aquí no cierra nadie», recalcan las mismas fuentes.
Responsables del Sheraton admiten que el exceso de oferta «afectará de nuevo a la rentabilidad» de los inmuebles «actualmente operativos». Los empresarios se han visto obligados a congelar las tarifas y mantener los precios «de hace cinco años» para cuadrar las cuentas. En algunos hoteles reconocen que las tarifas sufren incrementos anuales de apenas el 1%.
Para hacer frente a esta difícil coyuntura, los empresarios urgen la intervención de la Administración. Los hoteleros coinciden en que Bilbao tiene «aún» un importante potencial -«tanto en ocio como negocio»-, pero aducen que debe «concretarse a corto y medio plazo» para que el mercado pueda «asimilar las millonarias inversiones». Eso o evitar la profecía de Carbó. El número de plazas se ha disparado, pero «¿cómo se llenan ahora?»





