
Su aventura arranca en Argentina, país al que viajó para realizar unas prácticas de su especialidad. La experiencia de aquel año, «simplemente irrepetible». Pablo tenía muchas ganas de seguir aprendiendo, de manera que poco después de su regreso se instaló en Barcelona, donde hizo un curso de creatividad. Y entonces tuvo la ocasión de dar el salto a México. Se enteró de que una compañía buscaba a un profesional con su perfil para operar como creativo, así que se marchó a la villa de Guadalajara. Al final, resultó que la empresa no era tan estupenda como en un principio parecía, por lo que, en cuanto tuvo ocasión, se trasladó a México DF, donde enseguida consiguió un empleo en Terán Tbwa, un gigante en el mundo de la publicidad. Ejerce de creativo, como deseaba. Sueño cumplido.
«Muy estadounidense»
Pablo está «muy satisfecho» con la vida que lleva en la capital del país. Siente que está aprovechando el tiempo al máximo. «Me motiva que los días en México me cunden el doble. Además, hay muchos elementos que me ayudan a mejorar en mi trabajo: me fijo en la tipografía de los autobuses urbanos, existe una forma distinta de edificar, de diseñar... Es todo muy estadounidense», relata. Y enriquecedor, porque no cabe duda de que conocer otras formas de vida ayuda a ver el mundo de otra manera. Y eso es lo que le ha ocurrido a Pablo. «Es interesante comprobar cómo ha evolucionado esta cultura, que es como la nuestra, pero a miles de kilómetros de distancia», describe.
Pero que nadie se equivoque, porque no todo ha sido pan comido. Aunque se adaptó con relativa facilidad a la vida en el país latinoamericano, siempre hay cosas que se echan en falta. Y los equipos deportivos de toda la vida son una de ellas. «Echo de menos al Alavés y al TAU. He sido socio de los dos, pero me tuve que borrar cuando me fui a Argentina», admite. También añora la tranquilidad que se respira en Vitoria. Porque México DF, especialmente en lo que al tráfico se refiere, es una ciudad caótica. «E inmensa. Aquí no veo el horizonte. Es imposible porque todo está edificado», se lamenta.
Pablo lleva en tierras aztecas nueve meses y su intención es continuar allí, al menos, durante otros nueve más. Y luego, ya verá. «¿Quién sabe?», reflexiona. Eso sí, es consciente de que será complicado regresar a la capital alavesa. «De todos los sitios en los que he vivido, para asentarme elegiría Barcelona. Tiene ese punto internacional tan interesante», concluye.





