
«Durante los dos primeros años en Portugalete mis vecinos ni siquiera sabían que vivía en su mismo portal», asegura Javier. Algo que en Zalla no sucede. «Te encuentras en el mercado con la profesora o la pediatra de tus hijos». Y es que, aunque el municipio puede presumir de ser la localidad más poblada de la comarca -ronda los 8.000 habitantes-, «aquí hay un trato más de pueblo», admite.
Eso sí, no todo ha sido como se esperaba. «Muchos vinimos a Zalla pensando que, con lo que nos daban de nuestro anterior piso, aquí nos compraríamos un chalé y no fue así», advierte. De hecho, en su opinión, los precios de muchos productos superan a los de Bilbao. «Zalla tiene más nivel de vida».
Pero la cuestión económica enseguida queda compensada por otras ventajas, o así lo cree este santurtziarra encartado. «En Zalla puedes ir andando a todas partes aunque, si coges el coche, la fluidez del tráfico es mayor y en seguida encuentras aparcamiento», celebra. Claro que tampoco se olvida de las carreteras hacia Bilbao. «Trabajo de electricista por toda Vizcaya y el corredor del Cadagua ha sido un rayo de luz».
Ahora, con el paso del tiempo y el nacimiento de su segunda hija, la pequeña Maider, Javier ya se siente más zallense que otra cosa. Aprovecha el fin de semana para disfrutar de la naturaleza que le brindan Las Encartaciones. Y de sus fiestas. «Nos quedamos en la Cabalgata de Reyes, que sólo tiene una carroza, pero me pareció entrañable», admite. Por eso, son sus amistades quienes suelen acercarse a visitarle ahora que está a 15 minutos de Bilbao. «Aun así, muchos siguen pensando que me he ido a vivir al fin del mundo», ríe.





