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VIZCAYA
El pueblo en la memoria
Lanestosa es uno de los municipios con mayor media de edad, ya que sólo ha registrado seis nacimientos en los últimos cuatro años
06.04.08 -

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El pueblo en la memoria
RECUERDOS. Dámaso es uno de los vecinos más mayores de la localidad encartada. / PEDRO URRESTI
Recorrer Lanestosa se parece mucho a hojear un álbum de fotos antiguas. No sólo por el aspecto añejo de sus calles, sino también por el ambiente de inmovilidad que se vive en ellas. Y es que este pequeño pueblo encartado, que ni siquiera alcanza los 300 habitantes, parece congelado en el tiempo. Igual que su población. No en vano cuenta con una de las medias de edad más elevadas de la provincia. Algo que no tiene visos de cambiar: en los últimos cuatro años el municipio sólo ha registrado seis nacimientos.

Por eso también en sus calles se respira un aire de memoria perdida. Como si nunca la hubieran recorrido los gritos y los juegos de los niños. Pero Dámaso Izquierdo da fe de que en otros tiempos las cosas fueron muy distintas. A sus 88 años presume de ser el quinto vecino más viejo del pueblo, aunque quienes le conocen afirman que para llegar a esa cuenta hace trampas, porque «incluye a gente mayor de las localidades cercanas».

En lo que sí gana Dámaso es en ser uno de los nestosanos más populares ya que, además de encargarse del mantenimiento de la iglesia, ha regido la única tienda de ultramarinos del pueblo. Ahora su negocio está en manos de Francisco, uno de sus ocho hijos. Sólo dos de sus vástagos residen en la localidad encartada, ya que los demás fueron a buscar suerte en Santander, Bilbao, Mallorca o Galdakao.

Es un hecho normal, como la vida misma. Así lo entiende Dámaso, quien recuerda su juventud, cuando «había más niños en el colegio que habitantes tiene ahora el pueblo». Claro que eso fue antes de la guerra. Entonces Lanestosa superaba los 700 habitantes y tenía incluso un gran teatro y hasta un casino. Ahora no queda ni la escuela, reconvertida en lugar de reunión para los vecinos.

Un soplo de vida

En cualquier caso, el hecho de ser pocos tiene sus ventajas. Los vecinos intercambian saludos y se llaman por su nombre. «Aquí se sabe todo. Si uno se tira un pedo se entera el pueblo entero», bromea. En su forma de entender las cosas, advierte que el municipio está abandonado. «Me gustan las bilbainadas, como a todo el mundo, pero hacen falta menos museos y más arreglar las calles», sermonea.

Por eso Dámaso celebra la apertura de una residencia para discapacitados el pasado año. Para él ha traído vida a Lanestosa, aunque sólo sea por la veintena de trabajadoras que ha arrastrado consigo. Algunas de ellas anuncian su deseo de vivir en el pequeño municipio. Como Susana Bringas, natural de Llodio, que espera a que se concrete la promoción de 24 pisos protegidos anunciada por la Diputación. Un pequeño soplo de vida para un pueblo que ya sólo parece vivir en la memoria.
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