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ÁLAVA
El final más digno
Familiares de personas que han tenido acceso a la atención paliativa expresan sus sentimientos tras la muerte de los seres queridos
07.04.08 -

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El final más digno
UN ENFERMO mira por la ventana de una clínica. / EL CORREO
Todas las semanas llegan a las redacciones de los periódicos cartas de personas que acaban de perder a un ser querido. Por lo general, quieren mostrar su reconocimiento público a la labor de los profesionales sanitarios que les atendieron. Misivas como éstas y mucho más sentidas llegan a diario a la clínica Álava, el único centro de la provincia con una unidad hospitalaria de cuidados paliativos para pacientes terminales. Ésta es una pequeña muestra de los sentimientos de gratitud que invaden a familiares de enfermos que han tenido «el final más digno».

«Gracias por poneros en su piel»

Varios meses después de producirse el fallecimiento, los hijos de una mujer que sufrió una «larga y cruel» enfermedad degenerativa escribieron a los médicos y ATS que la atendieron durante meses. «Recurrir a personas externas al núcleo familiar fue una decisión difícil que tuvimos que tomar porque delegar los cuidados de ama, sintiéndola tan frágil, nos llenó de inseguridad. Gracias en su nombre y en el nuestro por lo que habéis hecho, por cada sonrisa y por cada gesto amable, por cada gramo de comprensión y compasión, por poneros en su piel aunque sea un instante, por mimar un cuerpo castigado que sólo se movía a base de voluntad, por respetar sus elecciones, por emocionaros con sus pequeños logros y por hacer más fácil lo imposible».

«Vivió 45 días felices»

La hija de un hombre que recibió tratamiento paliativo para hacer más llevadera su cruel enfermedad expresa su convencimiento de que gracias a estos cuidados su padre murió de forma digna. «Él nos dejó, pero vivió gracias a ustedes 45 días felices. Le dieron vida a su enfermedad. Abrió sus ojos cerrados desde hace tiempo. Sonrió. Algunos días le oímos hablar. Se ilusionó al notar que sus heridas mejoraban. Recobró la esperanza pensando que se iba a curar. Para él, fueron ustedes parte de su familia. Estamos seguros de que le han dado el final más digno».

«Apoyo moral y tranquilidad»

El impacto emocional que un pronóstico de muerte produce también en la familia del enfermo sólo se mitiga cuando una buena atención va dando respuesta a las complicaciones que pueden surgir. Esta carta así lo demuestra. «Pese a la pena e impotencia que sentíamos al ver apagarse día a día a un ser querido, pudimos apreciar la dedicación y el calor que le ofrecían. Esto constituía un apoyo moral y una especie de tranquilidad al ver que, al menos, recibía la mejor de las atenciones de la mano de unos profesionales con tan elevada talla humana».

«Cercanía y humanidad»

Cuando la muerte acecha sin remedio, las personas próximas al enfermo demandan profesionalidad, pero sobre todo «cercanía». Así se repite en muchos testimonios como éste. «Os agradecemos las atenciones, cuidados y cariño con que habéis tratado a nuestro familiar y todos nosotros durante los duros momentos que hemos vivido. La profesionalidad no está reñida con la cercanía y la humanidad. Vosotros sois el ejemplo».
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