
Vicente Lumbreras, con experiencia, cierta agilidad y 69 años, era el cabestrero con Santiago Martínez Losa. Inquieto por la tardanza y la bronca del público, salió de un burladero citando al toro y se arrancó el animal como una bala. Vicente se libró de una cornada por milímetros. La plaza se puso en pie presagiando una tragedia que no llegó a producirse.
El 18 de septiembre de ese año embarcaba Vicente un toro de rejones en Río Bravo para que lo toreara Nacho Ortega, en Villamediana. Y en un error de cobertura, fue volteado. En la caída fatal quedó con la médula rota. Como les ocurrió a Robles, Ciriaco, Nimeño y otros toreros. Cuatro meses en Zaragoza e invalidez total. Silla de ruedas y desde hace unos años incapacidad para casi pronunciar palabra.
En la víspera de Reyes ingresó en la UVI del Hospital San Pedro y, atendido por una señora de servicio, la familia, un ascensor y una grúa médica, pasa, resignado, los días en 'El Bravío' histórico de Lardero.






