
AL DETALLE
AL DETALLE
Estos chavales a los que las clases se les quedan cortas tienen que 'cumplir' por la tarde en la academia. Los centros hacen tras la Semana Santa su particular agosto y reciben una auténtica avalancha de estudiantes en la recta final del curso, alrededor de un 30% de nuevos alumnos a los que perderán la pista en junio. No reparten varitas mágicas que otorgan aprobados automáticamente, pero conocen bien el universo docente y «logran salvar una o dos asignaturas que el chaval ha dejado a estas alturas ya casi por imposible».
Claro que a veces el panorama es mucho más complicado. «Cuando por estas fechas nos vienen los padres apurados, y son muchos, valoramos el caso. Si lo vemos imposible les decimos la verdad, es lo más ético», advierte Luis Graña, de la academia Cima de Getxo. Sus alumnos pertenecen a los ciclos de Primaria y Secundaria, etapas en las que no es raro que necesiten un refuerzo académico. Falta de hábitos de estudio y de interés por las materias, dificultad en la comprensión... El abanico de problemas es amplio. Casi tanto como las asignaturas que más se les resisten. Aunque los 'huesos' por excelencia son las matemáticas, la física y la química, los responsables de estos centros quieren acabar con el «mito de las mates».
«Más que conocimientos específicos, a muchos les hace falta dar un empujoncito para que aprendan a estudiar por sí mismos y a comprender lo que les enseñan en clase. Pueden ser matemáticas, materias de ciencias, pero también lengua o idiomas. A veces, a nosotros nos toca cubrir las carencias que tiene el sistema docente», apunta Maite Seco, directora del centro Lakatos de Basauri y una profesional con más de dos décadas de experiencia.
Los profesores de la academia bilbaína San Agustín llevan enseñando cincuenta años. En sus pupitres se sientan chavales de los primeros ciclos de enseñanza y también otros que preparan el acceso a la Universidad. «Mucha gente comienza el curso por su cuenta, aunque con las primeras notas se da el gran susto y busca un remedio para que no vuelva a ocurrir y arreglar el curso», apunta José Luis Soler, director del centro bilbaíno.
Agenda saturada
Los universitarios también recurren con frecuencia a academias especializadas en asignaturas que se imparten en la Facultad, «sobre todo materias técnicas de carreras como Ingeniería o Arquitectura». En su caso, suspender algunos parciales en febrero y otros en junio supone encontrarse a la vuelta del verano con una agenda saturada de exámenes.
Tanto para los estudiantes de los ciclos escolares como para los universitarios, a veces para resolver con éxito el curso no queda otra que hincar los codos en la academia. A ello dedican un mínimo de tres horas a la semana y abonan tarifas que rondan los 10 euros por hora. Normalmente prefieren las clases en grupo, aunque existe también la posibilidad de apuntarse a las tutorías, con un profesor para uno o dos estudiantes -el precio se encarece por encima de los diez euros-. Menos demanda tiene el servicio de profesores a domicilio.
Unos y otros están acostumbrados a trabajar a contrarreloj, así son las exigencias de los alumnos. Pero los profesores no las tienen todas consigo. «Los chavales deben seguir el ritmo en clase, si no, es muy difícil que podamos ayudarles. Nosotros les allanamos el camino pero no hacemos milagros. Y en casa hay que seguir estudiando», apostilla Mikel Ors, de la academia bilbaína Zilargi.





