
Pero Strummer era mucho más que una estrella del rock, y de la mano de Julien Temple encontramos argumentos para entender la influencia de uno de los padres del sonido punk rock británico tanto en su generación como en la de multitud de bandas que durante años han tratado de recoger su testigo. Las intervenciones de personajes tan dispares como Brigitte Bardot, Bono, Johnny Depp o Jim Jarmusch sirven como testimonio para significar la importancia de un personaje que trascendió la escena musical para convertirse en un ejemplo inequívoco del verdadero compromiso moral entre un autor, su obra y el público al que se dirige.
Son inevitables, por lo tanto, los paralelismos entre este documental y el que el propio Temple firmase hace unos años en torno a la figura de Johnny Rotten y sus míticos Sex Pistols. En un tiempo en el que Rotten y Vicious rivalizaban por ofrecer espectáculos de puro nihilismo y desenfreno lisérgico, The Clash atisbaban las posibilidades que la música podía ofrecer como vehículo para un mensaje político, un mensaje que Strummer -como su admirado García Lorca- se atrevió a llevar hasta sus últimas consecuencias. Imprescindible.







