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Los sensores del cuerpo
08.04.08 -

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Existen receptores específicos para el dolor. Están dispuestos por todo el organismo. Por ejemplo, en la piel, formando parte de los sensores capaces de detectar cualquier cambio -presión, temperatura- etc. También en los órganos internos hay receptores que detectan esa sensación. La lesión directa de un tejido o la aparición de fenómenos inflamatorios origina que se activen esos receptores. En el mecanismo intervienen diversas sustancias, como las 'prostraglandinas' u otras relacionadas estrechamente con un estado inflamatorio.

Al activarse envían una señal neuroeléctrica a través de terminaciones nerviosas -de dos tipos, unos más específicos y de transmisión rápida, y otros más lentos y de uso polivalente- que se dirigen por nervios periféricos hacia la médula espinal. Por la parte posterior de la médula ascienden hasta llegar a los centros localizados sobre todo en el tálamo y en la corteza cerebral.

Esos centros -de aparición temprana en la evolución humana- tienen muchas conexiones con otros y son los causantes de las diversas manifestaciones asociadas al dolor.

Es importante conocer la forma en que se transmite la sensación del dolor para intentar modificar o interrumpir su percepción. De la misma forma, la localización de los centros que reciben esa información permite determinar las características de dicha sensación.

El cuerpo también estimula la secreción de sustancias -con características incluso opioides- dirigidas a contrarrestar los efectos negativos del dolor a modo de mecanismo de compensación.
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