
- ETAPA 1ª
No le dejaron correr el Tour de Francia 2006 por vestir la camiseta del Astana de Manolo Saiz. Y no le permitirán ganar el de 2008 por llevar el maillot del Astana de Johan Bruyneel. En medio, ya es suyo el de 2007. Gana cuando le dejan. A la primera; que la vida no siempre da dos oportunidades. Así fue ayer. En Deskarga, en el primer puerto serio de la Vuelta al País Vasco, Contador extendió sobre la recta de meta dos nombres: el suyo y el de su equipo, el Astana. Motín contra el veto del Tour al conjunto kazajo.
Egoi y Mayoz, en fuga
El cielo era pacífico en la salida de Legazpi. Pero es ésta una primavera sumergida. De agua. Pronto llegó. El martirio de la lluvia es puntual con la ronda vasca. Gota a gota. Egoi Martínez (Euskaltel-Euskadi), Mayoz (Karpin) y Buffaz (Cofidis) arrancaron cuando aún era un día seco. Luego se calaron por las rampas de Deskarga, Aztiria, Liernia y Gabiria. Oficialmente, eran tres dorsales en fuga. A los ojos de Contador, tres piezas. Caza menor. El madrileño es un cazador. Pasa los inviernos entre cartuchos, con la escopeta al hombro. «Lo mejor es la perdiz cazada al salto», elige. Si puede, también ronda al conejo cuando el descaste. De niño le dio por atrapar con liga jilgueros y pardillos. Ahora ha cambiado de trofeos. En su casa ya no hay pichones ni mochuelos; sólo triunfos. Piezas también. El Tour, por ejemplo.
El Astana, con el Lotto y el Saunier, iniciaron el acoso al trío de escapados. La tierra hace aquí buena oferta: verde, con los campos jugosos de tanta lluvia. Aunque es molesta para los ciclistas. Martínez y Mayoz no llegaron al último paso por Deskarga. La cuadrilla de Contador, el Astana, ya había colocado el puesto de caza. Al acecho. Paulinho, Dani Navarro, Yakovlev y Noval cercaron Deskarga. Coto privado. Y eso que hubo un furtivo. Gallego. Ezequiel Mosquera. Un rostro del pasado. Hace mucho tiempo los ciclistas fueron así. Arrugados, rústicos, de piel como cuero. Mosquera empezó de carpintero. Trabajar para comer. Hambre. Asaltó el coto. Conectó la alarma. El patrón respondió en primera persona. Contador, como dijo, tenía «buenas piernas». Las mejores. Pedalea como pisando cristales. De puntillas sobre las bielas. Brincando.
Con Mosquera
Desde que supo en febrero que el Tour no le quiere, consuela victoria a victoria su frustración. Antes de disparar, de atacar, repasa las miradas de sus rivales. Así sabe cuál es el momento. ¿Plato! ¿Pum! Justo cuando los otros esconden los ojos bajo las gafas. Ahí: a falta de 1,5 kilómetros para la cima de un puerto de segunda. Evans, Cunego, Ricco, Rebellin y Astarloza supieron que ésa era la ráfaga buena. Simplemente, no pudieron más que escucharla. Caza mayor. Ni miraron. Los favoritos, desplumados en el primer puerto de la carrera. Por Contador. Depredador. En Deskarga funcionó la selección de especies.
En sólo 137 kilómetros quedaron definidos los grupos: Barredo, Lovkvist, Popovych y Schumacher pertenecen el género de las víctimas. Cebo. Comidos en la primera etapa. Luis León Sánchez, que cedió 28 segundos, y Sastre, quince, parecen ya enjaulados. El resto, una veintena, mantienen todavía algún colmillo: son Mosquera y Herrero (Karpin); Ricco, De la Fuente, Lobato, Camaño y Marchante (Saunier); Cunego y Vila (Lampre); Rodríguez (Caisse d'Epargne); Astarloza y el recuperado Antón (Euskaltel-Euskadi); Evans (Silence); más Schleck (CSC), Kirchen, Monfort y los chicos jóvenes del Rabobank (Dekker, Gesink y Moletta). Aún les queda algo de pólvora para cinco días. Es eso o acabar en la mesa del taxidermista. Como piezas disecadas por Contador. Todos saben que ayer el ganador del Tour disparó ocho segundos antes. Ya resuena su descarga sobre toda la carrera.






