
A ese ataque nadie fue capaz de responder. Contador bailó sobre los pedales camino del alto de Deskarga, y tras atrapar al corredor del Karpin Galicia, se lanzó hacia la meta de Legazpi. «He visto que nadie me seguía y he decidido seguir adelante a ver hasta donde llegaba. Y al final he llegado hasta meta», se sinceró Contador, que reconoce que a él y a su equipo les queda «mucho trabajo hasta el final de la Vuelta, incluso ahora está más difícil porque todo el mundo estará preparado para atacarme».
Sobre esos posibles candidatos a desbancarle del liderato, el de Pinto asegura que la nómina de candidatos es amplia tras la primera etapa. «Hay muchos corredores que están en condiciones de pelear por la Vuelta. Cualquiera se puede colar en una escapada y llevarse la Vuelta», reflexionó el ciclista del Astana, aunque a renglón seguido, sí reconocido sentirse sorprendido «porque nadie me ha seguido cuando he atacado». Por tanto, según reconoció, su victoria y los ocho segundos de margen tienen más valor «moral» que otra cosa. «Venía bien, pero con esta victoria me demuestro que estoy en forma», admitió.
Sin nada que demostrar
Desde que el Tour anunció que rechazaba la presencia del Astana en su salida, el ganador de la ronda francesa de 2007 sale a exhibición por carrera, aunque él asegura que sus victorias, como la reciente Vuelta a Castilla y León, no tienen aroma de reivindicación. «No quiero demostrar nada, es mi forma de correr y así soy. Cuando estoy bien ataco, yo no tengo que demostrar nada a nadie», aseguró Contador, que dedicó su victoria «a mi abuela María, que está en una situación muy delicada».





