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El PSOE considera derogada la autorización del Congreso al diálogo Gobierno-ETA

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El PSOE considera derogada la autorización del Congreso al diálogo Gobierno-ETA
2005. Un momento de la sesión del Congreso en la que se aprobó el diálogo entre Gobierno y ETA. / EFE
El presidente del Gobierno en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, apelará hoy a la necesidad de un consenso antiterrorista con el PP, durante su discurso de investidura en el Congreso de los Diputados. Sin ser nuevo en la forma, el mensaje sí tendrá un trasfondo diferente, a tenor de lo que ayer dejó entrever el secretario de Organización del PSOE. Al término de la reunión del comité ejecutivo federal, José Blanco anunció en rueda de prensa que ETA ha «marcado un nuevo tiempo» con su decisión de «volver a matar y amenazar», lo que exige una «nueva respuesta», traducible a su vez en una nueva «unidad democrática».

Blanco aseguró en este sentido que el que ha sido un escollo decisivo para un hipotético acercamiento del PP y el Gobierno en la última legislatura, la declaración del Congreso del 17 de mayo de 2005 que autorizaba el diálogo entre el Ejecutivo y la banda terrorista para buscar la paz, tampoco será, a priori, un obstáculo insalvable. A su juicio, esta resolución -aprobada por todos los partidos salvo el PP- quedó derogada «de facto» al decretarse la «disolución de las Cortes» antes de las elecciones del 9 de marzo -un argumento retórico, difícilmente sustentable en el ordenamiento español-.

Hasta en cinco ocasiones el PP reclamó el año pasado a la Cámara baja que anulara su acuerdo de 2005 y en todas ellas se quedó solo en la votación. El PSOE acusó entonces al partido opositor de actuar de forma «electoralista» y procurar el «desgaste del Gobierno».

«Pero más allá de eso estamos en un nuevo tiempo que merece una nueva respuesta», insistió el secretario de Organización socialista, con lo que dejó traslucir la predisposición del Gobierno a aplicar recetas diferentes a la de la anterior legislatura. De manera implícita, envió un mensaje al líder del PP, Mariano Rajoy, con el doble objetivo de tender puentes y demostrarle que el Ejecutivo cierra la vía del diálogo de modo taxativo ante un horizonte perverso, en el que da por sentado que ETA se ha enrocado en sus posiciones violentas e intentará recrudecer su actividad terrorista a lo largo de los próximos años.

Eso sí, José Blanco aclaró ayer que nadie debe pensar que en la investidura habrá propuestas concretas en esos terrenos y, en especial, en el caso del combate a ETA, donde Zapatero sostiene que aún es pronto para volver a intentar un acuerdo por escrito. El PSOE no está «hablando de reeditar nada», sino que busca un «compromiso inequívoco de luchar juntos contra el terrorismo». Aun así, el presidente en funciones volverá a apelar hoy al sufrimiento compartido por los dos partidos mayoritarios para reclamar que se olvide el pasado más cercano y se vuelva al consenso antiterrorista, «sabiendo que no hay ninguna posibilidad de diálogo con la banda terrorista».

El 'número dos' del PSOE destacó que ése es el «espíritu» con el que hoy acuden los socialistas al Congreso, y corresponde ahora al PP dar la réplica. El PSOE tiene «voluntad de acuerdo» y es preciso «observar también la disponibilidad del PP», para lo cual, Blanco consideró clave el discurso de Mariano Rajoy en la investidura.

Además de la unidad contra ETA, Zapatero intentará en su alocución de esta mañana limar el máximo de asperezas con el Partido Popular. La situación de incertidumbre económica ha persuadido a los socialistas de que deben hacer cuanto esté en su mano por ofrecer estabilidad institucional. Y, vistas las dificultades para alcanzar un acuerdo que garantice la gobernabilidad del Estado, buscan el entendimiento sobre aquellas cuestiones que sirvieron al PP durante cuatro años para construir su política de oposición: aparte de la lucha antiterrorista, el desarrollo de los estatutos de segunda generación y la renovación del Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional.

Nacionalistas

En un sentido estructural, la intervención de Rodríguez Zapatero constará de tres ejes fundamentales: la economía, la fortaleza del Estado de Derecho -eso incluye su promesa de que el Gobierno defenderá la igualdad entre territorios- y los retos del futuro, con especial atención a la lucha contra el cambio climático. El líder echará mano de todas sus promesas electorales -desde la devolución de los 400 euros en la retención del IRPF a las ayudas para la renegociación de hipotecas a las familias más necesitadas- así como del propio programa con el que concurrió a los comicios.

La idea de utilizar éste como base casi única del proyecto de gobierno responde a una estrategia y también a una necesidad: el PSOE quiere explicar la elección de Zapatero en segunda vuelta (sólo Leopoldo Calvo Sotelo lo ha sido hasta ahora) como un ejercicio de autonomía política frente a los nacionalismos. Fuentes del partido admiten que la coyuntura interna por la que atraviesan los posibles socios -desde CiU hasta el PNV, pasando por IU- aconseja esperar a que resuelvan sus propios debates antes de acometer cualquier posible pacto. Blanco indicó ayer que el PSOE ha dejado la puerta abierta a «formas estables de colaboración», aunque, antes de que lleguen, en su partido se considera que quizá deba haber elecciones en Euskadi y Cataluña.
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