Al apuesto juez, Rafa Méndez, le faltó no obstante alguna explicación más concreta: ¿por qué habría de ser preferible cagarse uno a que el prójimo la cague? La flexibilidad del excremento en el lenguaje tiene esas cosas. También es sabido, que en el mundo de la escena, la caca tiende a actuar como talismán: si dices «mucha suerte» se considera de mal fario, por lo que se aconseja desear «mucha mierda». Sería interesante examinar este tipo de cosas desde el punto de vista freudiano. El viejo charlatán decía también que los excrementos están relacionados con el éxito, y sobre ese patrón hay que interpretar los sueños con caca. En esta interpretación lineal, la introducción de las heces en las valoraciones de un jurado pueden tomarse como metáforas directas del éxito artístico: si la cagas, está mal; si te cagas, está bien. Yo sospecho que en esto de Méndez hay algo más. Llegado el momento de dar consejos a las dos clasificadas, expelió: «te falta un poquito de aingh, más cacá, ¿me entiendes?». La chica contestó que sí; será porque ahora los chavales estudian muchos idiomas. Yo todavía no he entendido que es «faltar cacá», y respecto al «aingh», sólo veo alguien en cuclillas, ganado el rostro por un accidental rubor. Que todo este universo coprosófico unte un brillante espectáculo de variedades no deja de sorprender. No diremos, empero, que este programa es una.











