Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Cultura

A PROPÓSITO
Messala
09.04.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
or supuesto que el macizo príncipe Juda Ben Hur me gustaba pero confieso que me enamoré de Messala. Y también de Richard Vidmark, malo encarnado donde los hubiera aunque de fascinante atractivo que acaba de dejarnos a muchas mujeres tan viudas de España como la Pantoja. No es que me gustaran los malos. Pero Messala era el que ganaba la carrera de cuádrigas en mis sueños. Un secreto de juventud. Porque a ver quién era la guapa que osaba confesar a las amigas que una soñaba con el pérfido Stephen Boyd y no con el bueno de Chalton. No logré encajar al que fue Moisés, en la figura del Cid, aunque sólo fuese porque la Loren metida en Jimena no me cuadraba. Por entonces, el Cantar todavía se recitaba en la escuela y ahora el sepulcro del Campeador está cerrado con siete llaves que están en el fondo del mar, matarile rile rile. Desaparece de los textos, se va yendo Mio Cid no sólamente con los suyos; cabalga al lado de los Siete Infantes de Lara y otros ilustres del romancero que se diluyen en el horizonte de los planes educativos.

A Heston hay que recordarle por justicia en 'Sed de mal' y otras notables interpretaciones de un actor que había partido del cine mudo hasta el cinemascope. Cuenta el escritor Gore Vidal que fue él quien propuso a los desesperados Wyler y demás artífices de la superproducción de la Metro que el protagonista y su mejor amigo en el film, pasaran a ser rivales acérrimos, enemigos hasta el fin por una pena encubierta de amor entre ambos que se torna en odio y venganza. Ni una sola palabra sobre el tema en la cinta, aunque en el guión latía una velada homosexualidad traicionada.

Tiempo después de que aquel ídolo que besaba a las actrices haciendo malabarismos fuese relevado por nuevos valores, supimos que Heston, el jinete que vuelve solo hacia su mundo destruido en 'El planeta de los simios', era un tipo de armas tomar, un ultraderechista y en la hora de su muerte le sacan blandiendo fanáticamente un rifle. A estas alturas de la película no es un chasco más, ni otro engaño de la vida. Es la vida. Las obras no son los autores. Gore Vidal escribe que procuraba no conocer a los escritores.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

Comparte esta noticia

¿Qué es esto?

Vocento
SarenetRSS