A Heston hay que recordarle por justicia en 'Sed de mal' y otras notables interpretaciones de un actor que había partido del cine mudo hasta el cinemascope. Cuenta el escritor Gore Vidal que fue él quien propuso a los desesperados Wyler y demás artífices de la superproducción de la Metro que el protagonista y su mejor amigo en el film, pasaran a ser rivales acérrimos, enemigos hasta el fin por una pena encubierta de amor entre ambos que se torna en odio y venganza. Ni una sola palabra sobre el tema en la cinta, aunque en el guión latía una velada homosexualidad traicionada.
Tiempo después de que aquel ídolo que besaba a las actrices haciendo malabarismos fuese relevado por nuevos valores, supimos que Heston, el jinete que vuelve solo hacia su mundo destruido en 'El planeta de los simios', era un tipo de armas tomar, un ultraderechista y en la hora de su muerte le sacan blandiendo fanáticamente un rifle. A estas alturas de la película no es un chasco más, ni otro engaño de la vida. Es la vida. Las obras no son los autores. Gore Vidal escribe que procuraba no conocer a los escritores.







