Rodríguez Zapatero hizo un esfuerzo por dar a sus intervenciones un tono más incluyente, de modo que los partidos menores no se sintieran demasiado heridos. En tal sentido, llegó incluso a reprocharle a Rajoy un excesivo deseo de exclusividad en los llamados 'Pactos de Estado'. Sin embargo, desde el mismo discurso con que introdujo el debate, el candidato a presidente no perdió la ocasión de completar esa mezcla tan suya de republicanismo y socialismo con una nada despreciable dosis de jacobinismo. Lo dejó claro al subrayar, en repetidas ocasiones, que no estaba dispuesto a renunciar al papel que al Estado le corresponde a la hora de garantizar la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, sea cual fuere la comunidad autónoma en que residan. Los nacionalistas tomaron nota. La referencia a una reinterpretación centralizadora o, para ser menos hirientes, cooperativa de ciertas competencias, como las que se incluyen, por ejemplo, en la Ley de Dependencia, era un mensaje dirigido particularmente a ellos.
Zapatero apareció así como un candidato un tanto escarmentado y totalmente decidido a no recaer en algunos de los errores en que reconoció de manera implícita haber incurrido en la pasada legislatura. Los guiños al Partido Popular fueron ayer más numerosos y significativos que los que dirigió a los nacionalistas. Como si el candidato pretendiera ceñir la confrontación con los populares, en la medida de lo posible, a los asuntos socio-económicos y otros sectoriales, dejando abiertas al acuerdo con ellos las cuestiones denominadas de Estado, que presentó como prioritarias y urgentes.
La dificultad para hacer valer este planteamiento es, sin embargo, evidente, al menos en el corto plazo. En el PP pesa demasiado el pasado y está todavía pendiente la consolidación de una nueva dirección en su congreso de junio. Rajoy se reveló ayer condicionado por esta doble circunstancia. Los nacionalistas, por su parte, saben de su poder de influencia, e incluso de desestabilización, si al caso viniere, frente a un gobierno que ha decidido constituirse sin mayoría absoluta. No es quizá la cuadratura del círculo lo que Zapatero pretende, pero sí implica un muy fino encaje de bolillos.
j.l.zubizarreta@diario-elcorreo.com







