
El peatón contó cómo esperó más de 30 segundos a que algún coche parase para poder cruzar la calle Montevideo. Transcurrido este tiempo, la furgoneta blanca que pudo obstaculizar la visión del vehículo que atropelló mortalmente a Aitor y Oihane se detuvo. Lo hizo de una manera dubitativa, como si realmente quisiera continuar su camino. «Comenzamos todos a cruzar, pero entonces me detuve para recriminar al conductor su actitud, porque aquello era un paso de cebra. Intercambiamos unos gestos y eso fue lo que me salvó. Esos diez segundos han permitido que hoy esté aquí», dijo con rotundidad.
Respecto al accidente, Juan Ángel revivió el momento exacto en el que cruzó la 'Citröen Berlingo' del acusado: «Algo me pasó por delante a una velocidad muy elevada y proyectó a la pequeña. El niño, no sé por qué, quedó enganchado en la parte delantera», relató horrorizado.
Todos los testigos mostraron su conmoción por el suceso. «Yo sólo me fijé en los pequeños. Iban todos juntos, felices, y yo me decía a mí mismo que iban a disfrutar al Parque Infantil de Navidad, como yo había hecho el día anterior con mi nieto», afirmó otro peatón, que se encontraba justo enfrente de la familia, al otro lado de la fatal calzada.





