
«Tenía buenas piernas», dijo tras su victoria. Y cuando eso pasa... Y cuando las lesiones le dejan... Y cuando el Rabobank le protege como merece... Ayer, Hayman, Tantik y Flecha se consumieron por el cántabro. Dictaron un sprint al que muchos se oponían. Nadie quiere medirse a Freire, puro instinto en las llegadas.
Los 209 kilómetros estuvieron copados de fugas. Capelli (Saunier) hizo suya la más larga. Gilbert y Pozzato, la más peligrosa. Arvesen y Elminger dejaron sus impactos para el final, justo antes del ataque de Quinziato y de dos ganadores de la París-Roubaix, de Guesdon y O'Grady. La Gante-Wevelgen también es de pavés, aunque menos. En cualquier caso, es una carrera de talla. Basta deletrear los nombres de los dorsales fugados.
El Rabobank se fusionó en torno a Freire. Al campeón del mundo le dejaron los últimos 300 metros. Impresionante. Sin rival. Como motorizado. Con esa tracción genética que nadie tiene. Aplastante. Aurelien Clerc, del Bouygues, y Wouter Weylandt, del Quick Step, tuvieron el honor de compartir ayer el podio con un ciclista irrepetible. «Es fantástico ser el primer español en ganar aquí. Este año puedo celebrar una bonita victoria», dijo. Hace un año, un ataque en el último kilómetro del alemán Burghardt le quitó el triunfo. Ya es suyo.





