Al principio
La grada no estaba caliente sino al rojo vivo. Tocar al de al lado te subía la temperatura y más de uno echó en falta un termalgín. Al inicio, otro 'cinco' de fantasía en el que no cree ni un niño. Pekovic nos sacaba del campo y Spahija de quicio. A ellos se les veía en el rebote ofensivo más que a Jesús Vázquez en Tele 5 mientras nosotros buscábamos bombillas desesperadamente.
Y salió del banco con luz propia Tiago Splitter. Y empezamos a recordar a la Pantoja al mostrar dientes y más dientes. Los de naranja, de Abetxuko o alrededores, un verdadero amor. Y el sacrificio de Tiago de enamorar. Tripkovic llevaba el 'trip' de su apellido en la sangre y el ruido superaba al juego. Mucho tran-tran y poco 'tren-tren'. Así, entre las ayudas del lado contrario al defensor de Pekovic y otras que agradecimos nos fuimos de seis porque jugábamos seis.
Luego
Las miserias en el juego las disimulaba el público con sus decibelios y el equipo con su amor propio. De esta manera, un Pete Mickeal fuera de sí y de mí, un Rakocevic sin dodotis y unos árbitros de familia nos llevaban a la chita callando hacia la puerta del Sol. Adiós al partido con la quinta de Pekovic y en la memoria Ana Belén con su '¿Mírala, Mírala!' y un trío que merece una avenida vitoriana.
Final
Ayer volvíamos a sentirnos orgullosos de un equipo que puso las pelotas en el parqué, de nuestro peso europeo para poder gritar a los cuatro vientos: ¿Cuatro que podemos!





