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GUIPÚZCOA
«Mucha gente quiere la paz»
La fotoperiodista israelí Michael Kolchesky expone hasta el domingo una veintena de fotografías que muestran una visión amable de Jerusalén
10.04.08 -

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«Mucha gente quiere la paz»
Michael Kolchesky posa ante una de sus fotografías. /J. CALLEJA
Michael Kolchesky, fotógrafa israelí 'freelance', se ha dedicado durante años a viajar por el mundo para dejar testimonio de su particular visión. Estuvo en India, vivió en Japón y Estados Unidos, conoce Nueva Zelanda, Australia, Egipto, Tailandia y distintos países de Sudamérica y Europa.

Hasta el próximo 13 de abril una muestra de su trabajo estará presente en la sala de exposiciones de Lobiano Kultur Etxea. Se trata de 18 fotografías, tres fotomontajes y un vídeo que muestran una visión amable de Jerusalén.

La muestra fue inaugurada el pasado 31 de marzo, coincidiendo con la celebración de la Semana de Solidaridad con Palestina que organizó Komite Internazionalistak.

Con apenas 29 años, Michael pasa de puntillas por el conflicto que asola su ciudad, cuando se cumplen 60 años de la partición de Palestina. Sin embargo, resulta inevitable mostrar Jerusalén sin retratar la exacerbación religiosa y el ejército en su trasiego por el Campo de los Olivos. «No busco conflictos en mi vida pero siempre aparecen», señala quien se aficionó a la fotografía en el desierto mientras cumplía el servicio militar que en Israel es obligatorio y es de dos años.

Desde la distancia

El 'rap' y su deslenguada protesta urbana abre la sesión fotográfica en la que se incluye una serie documental de cinco fotografías a color sobre el muro, tomadas, eso sí, desde la distancia. En estas imágenes no hay niños palestinos defendiéndose con piedras sino que se muestra el otro lado, o tal vez otra visión de la misma realidad.

Michael quiere reflejar los pasos que Israel hace por la paz a través de las conversaciones abiertas por «ex-combatientes por la paz» en Anatot, un campo de refugiados de Jerusalén oriental. «Son pequeños granos de arena que tratan de labrar un futuro porque mucha gente quiere la paz».

«Intento no tocar la política aunque resulta complicado siendo tan fotogénica». Es consciente de la transcendencia internacional del conflicto que vive su región, aunque, señala, «es algo más profundo que no se puede mostrar en una fotografía puesto que no refleja el antes y el después de ese instante». Por ello, Michael apuesta por el formato cómic y afirma con rotundidad que la fotografía «no refleja con veracidad la realidad porque cada uno tiene su visión de la vida».

Pobreza

El retrato y primeros planos se reducen a los tres fotomontajes sobre un día en la vida de Suraki, un indigente con el que Michael trata de ofrecer una mirada más profunda sobre la pobreza y el paro emergente que azota Jerusalén. «La gente protesta y hace cosas con su corazón como Suraki, que intenta hacer su vida viviendo de su música, aunque no siempre sale bien y te caes».

Ha trabajado con artistas palestinos y afirma que el arte y la fotografía pueden hacer algo por cambiar la situación. «Si no hubiera guerra sería una ciudad perfecta, porque tiene de todo», lamenta. La guerra y la «gente que pone la religión por encima de las personas», son los graves pecados de la sociedad israelí. Una sociedad que ve tambalear la esperanza de paz y de cambio por la rabia y el odio.

Con mirada más personal retrata la inusual visión del centro urbano de Jerusalén con nieve en una serie de nueve fotografías en blanco y negro.
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