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"MATONES"
Los hombres de azul
La incógnita sobre el origen de la guardia de seguridad de la llama olímpica queda desvelada con sus primeros excesos: son paramilitares comunistas

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Los hombres de azul
Al acecho. Dos hombres azules custodian la llama olímpica. / AFP
No hay lugar a las dudas para Sebastian Coe, campeón olímpico de 1.500 metros en Moscú 1980 y Los Angeles 1984, autor de numerosos récords del mundo y considerado como uno de los mejores atletas de la historia. «Les llamen como les llamen, sólo son unos matones». El británico, presidente del comité organizador de Londres 2012, contestó ayer a la pregunta que ha acompañado a la antorcha desde que prendió su llama en Olimpia el 24 de marzo: ¿Quiénes son esos de azul que acompañan al fuego que ilumina los Juegos? Hasta su llegada a la capital inglesa sólo se sabía que eran chinos. Sus rasgos les delataban.

Pero desde que en las calles londinenses zaranderaron a manifestantes, relevistas y hasta al propio Coe la curiosidad se ha hecho insaciable. Y quien pregunta encuentra respuesta, aunque sea falsa. «Son auxiliares de la antorcha. Voluntarios que la protegen», dijo Zhao Shangsen, portavoz de la Embajada de Pekín, quien añadió que responden al nombre oficial de 'Unidad de Protección de la Antorcha de los 29 Juegos Olímpicos'. Demasiado largo para ser creíble. Y cuando algo parece increíble normalmente suele ser mentira.

Y toda mentira tiene detrás una verdad oculta. La descubrió la prensa británica a poco que investigó. Los fornidos y jóvenes hombres de azul realmente son paramilitares. Su apariencia castrense les traiciona para descubrir en ellos miembros de élite de la Policía Armada del Pueblo, algo parecido a la Guardia Civil, pero todos con ojos rasgados.

Atletas uniformados

Los miembros del equipo de protección de la antorcha fueron seleccionados en el seno de los cuerpos especiales de las fuerzas de seguridad interna del régimen comunista. Los requisitos de la convocatoria, en principio, parecían asequibles para muchos en un país con cerca de 1.300 millones de habitantes: «ser altos, bien parecidos, poderosos y en buen estado físico». Pero el proceso de selección exigió que ese «buen estado físico» se tradujera en una preparación casi a la altura de los atletas que competirán en Pekín. Sus entrenamientos consistieron en correr diez kilómetros diarios en terreno montañoso y en toda clase de prácticas en artes marciales, manejo de armas ligeras o combate cuerpo a cuerpo, según se puede descubrir en sinodefense.com, un portal de Internet especializado en asuntos chinos.

Los elegidos mostraron sobradas habilidades en todos estos campos. Algo peor, según demostraron en Londres, les fue en las materias de protocolo, a pesar de que fueron aleccionados de nociones básicas de inglés, francés, alemán, español y japonés. Según denuncian algunos zarandeados, su vocabulario se limita a «quítate, estorbas, retrocede, acelera, frena» y algunas onomatopeyas malsonantes en cualquier idioma.

Lo pudo comprobar Yolaine de la Bigne, una periodista medioambientalista que fue portadora de la llama en París y que tuvo la mala idea de pegar una pequeña bandera tibetana a la antorcha. «Se me abalanzaron encima y me sacaron a empujones».
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