
CRÍTICAS
En tanto la dirigente de la Comunidad no encuentra avales para formalizar su candidatura en el congreso del PP, el aspirante a la reelección como presidente del partido exhibió sus poderes en su primera comparecencia ante los periodistas tras haber sido testigo de la reciente ofensiva de Aguirre en el Foro ABC. «Me presento al congreso porque creo que podemos ganar las próximas elecciones; me avalan los resultados del 9 de marzo, que son mejores que los de 2004, y me avala haber sabido garantizar la independencia del partido estos cuatro años», declaró Rajoy después de haber pasado muchas horas en su escaño, donde comprobó que, a medida que las horas pasaban, se incrementaban sus respaldos mientras disminuían los de la mandataria madrileña.
El presidente del PP no es ajeno a los análisis que ya se multiplican entre diputados y líderes políticos sobre la dependencia de Aguirre de determinados grupos mediáticos. Muchos miembros de la formación conservadora aseguran que la presidenta de Madrid «está siendo utilizada» por determinados medios de comunicación para desgastar y derribar a Mariano Rajoy. «Una vez cruzado el Rubicón, Esperanza ya sólo puede llegar hasta el final, pero como le faltan apoyos se quedará constituida en oposición interna», alega un parlamentario que, como la práctica mayoría del grupo del Congreso, se declara partidario de la candidatura oficial.
A medida que avanza el tiempo y se intensifica el debate precongresual, se van perfilando, aunque lentamente, las distintas posiciones. «Si la maniobra de Aguirre fuera fruto de una estrategia interna mediría los tiempos y contaría con apoyos dentro del partido -advierte un líder territorial-, pero no ha sido así y ya se ha demostrado que no hay una conjura interna detrás de su ofensiva, sino su propio equipo y presiones mediáticas».
Ni cuenta ni filtra
Mariano Rajoy, por su parte, logró superar con éxito la meta volante que se le planteaba en el debate de investidura y consiguió convencer a los suyos en el Congreso. Los parlamentarios optaron por reforzar a su jefe, quien acertó con el tono y el contenido de su discurso -gustó más en la réplica que en la primera intervención- y dio a su grupo lo que esperaba. En compensación, recibió un muy oportuno respaldo, en forma de calurosos aplausos y elogiosos comentarios posteriores de todos los diputados.
«Me he sentido muy respaldado y apoyado por mi grupo, y lo agradezco», confesó en la rueda de prensa posterior al debate. Es más, aprovechó la ocasión para reivindicarse, se declaró «muy satisfecho» y se jactó de que el martes dijo ante el pleno del Congreso «lo que quería decir». Rajoy hizo incluso explícita su queja por las noticias difundidas sobre el reciente encuentro que mantuvo con Esperanza Aguirre e insinuó que tales informaciones no son de su procedencia. «Las conversaciones privadas no las cuento y yo no filtro», sentenció.
El líder del PP no tuvo inconveniente en reconocer que sus palabras en la Cámara baja recogieron lo que su partido ha venido defendiendo en los últimos años, aunque la falta de un discurso de nuevo cuño sea una de las carencias que le reprochan internamente, junto con la petición de más empuje para abordar la oposición. Sin embargo, los agraviados y, hasta hace poco, disgustados parlamentarios aparcan por ahora sus quejas para cerrar filas frente a los devaneos de Aguirre. «Ella no tiene ni los avales necesarios para presentarse y él cuenta con todos los barones autonómicos de la periferia», constata un dirigente territorial.







