La admiración aún tenía más valor porque (tal y como se lee en la gacetilla) todos sabían de la habilidad del tirador y a pesar de ello les dejó con la boca abierta. ¿Qué fue lo que hizo el habilidoso tirador? Leámoslo:
«Ayer en la Academia del Tiro al Blanco, hubo uno que dejó admirados a los concurrentes, a pesar de que sabían de lo que era capaz el tirador. Éste, que es un joven farmacéutico de Bilbao, mató al tercer disparo a tiro de pistola un conejo a 75 pasos y al décimo disparo un gallo a cien pasos».
Por lo visto el joven farmacéutico sabía combinar su profesión con su afición, es decir las fórmulas magistrales que preparaba en la rebotica, con el deporte de la caza. De ahí surge sin duda esa hazaña que realizó en la academia de tiro al blanco y que ha puesto un punto de duda en la teoría de que los conejos y gallos que allí se usaban como blancos eran simulados.
Digo esto porque en la noticia que acaban de leer ustedes, se dice textualmente que el boticario «mató al conejo al tercer disparo». Al gallo en cambio, como estaba a cien pasos, tuvo que perseguirle a tiro limpio hasta que le acertó al décimo intento, lo cual, en mi opinión, merma bastante el mérito de la hazaña. Es como si le hubiese cazado con una ametralladora.
Supongo, sin embargo, que la prueba referida se realizó con blancos vivos como caso excepcional, porque de otra forma la academia más que academia tendría que haber sido una granja o criadero de conejos, patos y aves de corral, y eso resulta bastante complicado. Aun contando con que Recacoeche estaba en aquellos tiempos situado en campo abierto.





