Hay piratas y negreros por los mares de hoy igual que tiempos atrás. Se les llama así y siguen teniendo éxito en la ficción y en la realidad. Pero hay algo que diferencia a los piratas de hoy de los corsarios del ayer y de las películas. No es la ferocidad de los bucaneros. Son los barcos. En el presente, los barcos piratas son de desecho. Los de los negreros no suelen tener nombre, o navegan con nombre falso, son bajeles anónimos, balsas sin brújula de esclavitud posmoderna.. Se cuida sin embargo con gran ahínco para que no se elimine la marca, que se quiere persistente e indeleble, de haber arribado al sueño americano a bordo del 'Mayflower'. Debía ser el rimbombante buque un arca de Noé de lo mejorcito pues la estirpe que bajó de él creció y sigue exhibiendo esos orígenes como santo y seña de poderío.
Alcanzan estas orillas las pateras que han tenido suerte. Ninguno de los ateridos supervivientes sabe que en la costa soñada la gente no sólo sueña con yates. También con viajar en un barquito de papel. Y no les dejan. El artista alemán Frank Bolter creó un barco de papel para remontar y ganar la embocadura del Elba. Las autoridades fluviales lo dieron por no homologable y se chafó la gesta artística. Es un barco de papel de 9 metros 'asombrosamente estable'. De cartón plastificado. De tetrabick. Con lo bien que les vendrían a los subsaharianos navíos así y los blancos hacen con esos barcos arte y a la vez producen con ellos mareas negras y pillerías y tonterías mil.







