
LA SEGUNDA VUELTA
La transformación de la tropa de Lotina ha sido tan espectacular que merece ser relatada desde sus inicios. Hay que recordar, por ejemplo, que el 20 de enero el Deportivo visitó Almería en unas condiciones penosas. Era decimonoveno con 17 puntos y sólo había ganado un partido en casa. Llevaba 19 goles a favor y 32 en contra. Así las cosas, en su viaje al Oriente andaluz la expedición blanquiazul parecía una versión de la Santa Compaña vagando por el bosque de Cecebre. No había mucho ánimo, vamos. Miguel Ángel Lotina viajaba con la carta de defunción. Sólo le faltaba la firma. De hecho, en la órbita del Deportivo ya sonaban los nombres de sus sustitutos. José Manuel Esnal, 'Mané', era uno de ellos.
Incapaz de sobreponerse a sus defectos -eran un grupo blando y quebradizo-, los coruñeses perdieron aquel partido decisivo de la vigésima jornada y se situaron a cinco puntos de la permanencia. Quien más quien menos pensó entonces que el brillante ciclo del Deportivo en Primera División se acercaba a su final después de casi dos décadas. El lunes 21 de enero, la mayoría de los medios de comunicación gallegos dieron por cesado al técnico vizcaíno. Incluso él mismo reconoció entonces que, durante unas horas, esperó la llamada de Lendoiro para que se acercara a la sede del club en la plaza de Pontevedra y firmara el finiquito.
La última oportunidad
Sin embargo, como los designios del presidente deportivista son inescrutables, Lotina acabó recibiendo una última oportunidad inesperada. Se jugaría el puesto ante el Valladolid al domingo siguiente. El entrenador vasco, un profesional obsesivo que se desvela por las noches imaginando estrategias y variantes tácticas, supo que había llegado la hora de jugársela. A cara o cruz. Ya no valía con pensar. Había que actuar. El equipo estaba en las últimas en efectividad y confianza y necesitaba una terapia de choque.
La apuesta del técnico deportivista fue cambiar de sistema y, aprovechando la recuperación de los lesionados Lopo y Pablo Amo, apostar por un 5-4-1 con tres centrales y dos carrileros. El Deportivo necesitaba argamasa detrás. «Hubo que buscar un revulsivo, cambiar la dinámica, hacer que nos centráramos en un nuevo camino. Provocamos una sacudida con el cambio de sistema. La verdad es que yo le había dado muchas vueltas al asunto y tenía confianza en que con cinco defensas podíamos funcionar. El objetivo era que los futbolistas saltaran al campo ante el Valladolid pensando más en el nuevo sistema y en hacer que funcionara que en la difícil situación que teníamos en la tabla», declaró Lotina a 'La Voz de Galicia'.
La sacudida no pudo resultar más positiva. El 'Dépor' pasó por encima del Valladolid de Mendilibar. No sólo ganó, que era de lo que se trataba, sino que lo hizo jugando un magnífico partido. Miguel Ángel Lotina no pudo quedar más satisfecho. Con Manuel Pablo y Filipe Luis en los carriles y Lopo, Pablo Amo y Coloccini por el centro el equipo fue otro. Apenas concedió ocasiones al Valladolid y se mostró intratable por alto, que era una de sus grandes debilidades. De hecho, había encajado ocho goles de cabeza, la cifra más abultada de la Liga en este apartado. El caso es que el Deportivo se sintió fuerte de repente y ya se sabe que nada da más confianza a un equipo que su fortaleza defensiva. Lo que se llama tener las espaldas bien cubiertas. El Athletic puede dar fe de ello. «Si atrás te ves débil te vas mermando», decía ayer Joaquín Caparrós en la entrevista que concedió a EL CORREO. Del mismo modo, podría haber dicho que, si atrás te ves fuerte, te vas hinchando.
La bola de nieve
El Deportivo se hinchó. Y de qué manera. Lo del bueno de Gregorio Samsa fue un 'lifting' apresurado comparado con la metamorfosis que experimentó el conjunto coruñés. En las seis jornadas siguientes cosechó cuatro victorias, un empate y una derrota. Dicho de otro modo, en seis partidos con el 5-4-1 sumó tantas victorias como en veinte alternando el 4-4-2 y el 4-2-3-1. Y lo cierto es que la bola de nieve no se ha detenido. El mejor ejemplo es la victoria de los pupilos de Lotina el pasado domingo en El Sardinero, uno de los campos más exigentes esta temporada. Con su triunfo de prestigio en Santander, el Deportivo alcanzó la atalaya de los 40 puntos y dejó prácticamente sellada la permanencia. Le quedan apenas tres o cuatro puntos, una cifra que parece casi un trámite para un bloque que, con 23 puntos y 20 goles a favor y 11 en contra en los últimos 12 partidos, se ha convertido en el segundo mejor equipo de la Liga en la segunda vuelta, tan sólo superado por el Villarreal (24) y por delante del Sevilla (22) y Athletic (21).
No hace falta decir que Miguel Ángel Lotina, cuya renovación por el Deportivo -lo que son las cosas- parece cosa hecha apenas tres meses después de tener pie y medio en la calle, no se plantea variar su dispositivo táctico ante el Athletic. Lo que funciona no se toca y el Deportivo, con los cinco defensas, no es que haya ganado en seguridad defensiva sino que también ha recuperado fuerza en ataque. En realidad, lo que ha logrado es equilibrio, que es el primer mandamiento para cualquier conjunto que se precie.
Es lo que piensa Arsenio Iglesias, que se alegra de la buena racha de Miguel Ángel Lotina -«un buen paisano»- y considera que la resurrección del 'Dépor' se debe a que se ha convertido en un bloque compensado. «El cambio de sistema ha sido importante, sobre todo porque ha permitido la entrada en el 'once' de jugadores que a mí me parecen de categoría. Pero, bueno, el caso es que estamos mucho mejor, hombre. Estábamos muy jodidos y ahora ya vemos las cosas de otra manera», dice.







