
El vicepresidente de Gobierno colombiano, Francisco Santos, declara ante las cámaras que terminarán 2008 «nada más que con doscientos secuestros. No son muchos comparados con los 3.000 de hace algunos años», explica con resignación. El programa entrevista a antiguos miembros de la guerrilla, que cuentan cómo son los métodos de secuestro y de financiación de su causa, así como a varios delincuentes comunes que se dedicaron en su día al rapto como negocio.
El reportero vasco habla también con distintos policías que han detenido a secuestradores y explican cómo algunos son padres de familia con hijos que no tienen ningún empacho en secuestrar «como un trabajo normal y corriente; y si la cosa se complica, venden el preso a guerrilleros que realizan otro tipo de secuestros más largos», explica Sistiaga.
En opinión del periodista, los guerrilleros, de las FARC o el ELM, han perdido cualquier motivación romántica de lucha por una Colombia mejor, más justa y con riqueza más repartida. «En su ideario puede seguir existiendo, pero con la labor ilegítima de la cocaína, ha perdido su horizonte. Comercian con la coca como arma para subsistir militarmente, y demuestran una crueldad terrible con sus secuestrados que ha aumentado con los años». Las FARC tienen ahora 700 personas secuestradas para sacarles dinero y otras cuarenta (policías, militares, políticos) para canjearlos por guerrilleros presos. «Los llaman canjes 'humanitarios' cuando algunos rehenes llevan más de diez años en la selva pudriéndose, mientras que los guerrilleros están en la cárcel alimentados y con atención sanitaria».
Para Sistiaga, el secuestrador incurre en un delito peor que el asesinato. «Al sicario le basta una foto para matar, mientras que el que secuestra convive con su víctima, llega a conocer sus emociones, su forma de pensar, intima con él, pero no dudaría en pegarle un tiro si así se lo ordenan».
El reportaje pone de manifiesto cómo Colombia parece estar dejando de acostumbrarse a esta triste espiral para entrar en un rechazo cívico a ciertas prácticas que se daban por 'normales'
'La joya de la corona'
Respecto al caso Betancourt, Sistiaga indica que esta mujer de precaria salud se ha convertido en «la joya de la corona de las FARC, ella es consciente de ello y sabe que va a ser la última en salir». En estos momentos se mantiene un juego de geoestrategia y diplomacia donde las FARC reclamarán un territorio «para considerar que tienen 'liberada' parte de la superficie de Colombia».











