Los que pertenecen al grupo de los crédulos, es decir los que creen en este tipo de visitas extraterrestres, podrán objetar con todo derecho que no se puede afirmar tan rotundamente que esas visitas de los alienígenas a nuestro planeta sean un cuento, sin poseer pruebas que lo demuestren. Y evidentemente tienen razón.
Tienen razón, porque en realidad los crédulos que así opinan, me están dando la razón a mí. En efecto, no se puede ni se debe afirmar una cosa sin poder demostrarlo de forma fehaciente la afirmación. Pero resulta que ese mismo argumento es el que yo utilizo para rebatir a los que creen en las visitas de los extraterrestres a nuestro planeta.
Efectivamente. No se debe afirmar algo sin poder aportar pruebas de que es verdad y los que aseguran que es cierta la visita de los alienígenas tampoco pueden aportar una sola prueba de lo que afirman, a pesar de que, según ellos, los extraterrestres nos han visitado centenares de veces desde los años cincuenta.
Estoy deseando que los alienígenas nos dejen alguna vez su tarjeta de visita. Resultaría sensacional, emocionante y hasta impresionante que al fin se pudiera presentar esa prueba irrefutable y yo estaría encantado de reconocer que mi escepticismo estaba equivocado. ¿No se anima alguien a ofrecerme esa prueba?
Pero al margen de que alguien se decida a demostrarme mi error, hay una prueba en favor de los incrédulos, la de la lógica. Resulta absurdo, increíble e ilógico, que durante cincuenta años de visitas y con centenares de aterrizajes, ni uno solo de los innumerables extraterrestres que nos han visitado, nos haya dejado una sola prueba que dé fe de su visita.
Si alguien me explica este contrasentido, cambiaré encantado de opinión.





