Inmediatamente después de anunciarse la investidura, Mariano Rajoy salió disparado de su escaño para estrechar la mano y felicitar a Rodríguez Zapatero, pero tuvo que esperar a que éste recibiera los parabienes de sus dos vicepresidentes, María Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes. El líder del PP tenía prisa por cumplir el trámite, tanto que debió interrumpir un primer amago de levantarse de su escaño al percatarse de que el presidente del Congreso, José Bono, todavía no había finalizado el anuncio formal.
El jefe del Ejecutivo y el líder opositor intercambiaron unos breves comentarios amistosos y se separaron para que Zapatero recibiera la felicitación de los portavoces de CiU, PNV y Esquerra, y detrás casi todos los inquilinos del hemiciclo. Fue especialmente caluroso su abrazo con Alfredo Pérez Rubalcaba.
La sesión fue aprovechada por dos diputados de CiU y una representante del PSC para iniciar una nueva moda: grabar instantes de la ceremonia con los vídeos de los teléfonos móviles para colgarlos más tarde en sus 'webs' personales, una práctica que, sin estar prohibida, hasta ahora nadie había realizado. El parlamentario vasco Pedro Azpiazu pidió a uno de los diputados que le sacara «guapo».







