
EL ESTUDIO
El centro, ubicado en la calle José María Eskuza de Bilbao, está orientado a prevenir los efectos negativos derivados de un cuidado prolongado sobre las personas cuidadoras. Para ello cuenta con un presupuesto anual de 230.000 euros, que aportan a medias tanto el Ayuntamiento como la Diputación. Cabe señalar que la nueva Ley de Dependencia establece en uno de sus artículos la reserva de partidas económicas destinadas a poner en marcha este tipo de recursos. Seis profesionales, entre psicólogos, educadores y trabajadores sociales, se encargan de asistir a las personas que demandan ayuda en Zaintzea. Además, el centro cuenta con un teléfono de atención permanente para casos de emergencia.
Las mujeres siguen siendo todavía las cuidadoras por excelencia. Según el estudio hecho público ayer por el centro bilbaíno, el 84% son féminas, un porcentaje similar al que ya se vivía diez años atrás. La diferencia reside en el hecho de que ahora alrededor del 66% reciben el apoyo de otros miembros de la familia. La media de edad de estas personas es de 53 años; y un 20% de las cuidadoras son mayores de 65 años. La atención a mayores dependientes suele durar entre 6 y 8 años y el 70% recibe ayuda en su propia casa.
Cambio de vida
Para muchos cuidadores, esta nueva situación supone un cambio drástico en varias facetas de sus vidas. Más de la mitad de estas personas dedican a esta actividad el mismo tiempo que destinan a trabajar, lo que provoca que en muchos casos no sea compatible aunar ambos papeles. En este sentido, un 26% de estas personas no pueden ni siquiera plantearse trabajar fuera de su domicilio, un 11,5% han tenido que abandonar sus puestos y un 12% se han visto obligadas a reducir su jornada. «Estas renuncias suponen no sólo una pérdida inmediata de ingresos, sino un empobrecimiento de cara al futuro al no generar derechos en materia de pensiones o de protección por desempleo», advirtió el concejal de Acción Social, Ricardo Barkala.
El laboral no es, sin embargo, el único ámbito que se ve afectado cuando un cuidador debe afrontar, en ocasiones en solitario, esta delicada situación. Las consecuencias se ven reflejadas también sobre su propia salud. Prueba de ello es que la mitad declara sentirse a menudo cansada, el 32% se siente deprimida y el 28% considera que las tareas que realiza están deteriorando su salud de alguna manera. No hay que olvidar que estas personas no suelen ser profesionales de este campo. En cuanto a la vida afectiva y relacional, el 64% asegura que se ha visto obligada a reducir su tiempo de ocio y un 48% dice no poder ni siquiera coger unas vacaciones.





