
El pequeño negocio prosperó y el matrimonio crió a siete hijos. Uno de ellos, también Adolfo Guerrero, padre del actual gerente, porteaba las telas hasta los caseríos a los que no llegaba el mulo para enseñar la mercancía a los clientes. «Allí aprendió el oficio» explicó su hijo. Durante la Guerra Civil, la familia pasó dificultades porque el padre «era republicano y pasó algún tiempo en la cárcel». A la vuelta, consiguió trabajo como contable en la Industrial Muellera, en Areta.
El negocio familiar se recuperó. Primero en el piso de la calle Baias, «que se incendió en 1952 y nos arruinó», y más tarde en un pequeño local excavado en los bajos de la plazuela de la iglesia, donde nació El Paraíso, en 1953. «Aquella fue una época gloriosa porque la gente llegaba a Llodio en tren con una maleta de cartón, sin nada. Teníamos chaquetas, telas para el ajuar y hasta juguetes en Navidad».
La tienda se trasladó en 1962 a Pío XII y desde entonces se llama Galerías Llodio. «Empezamos a trabajar mi hermano Ángel y yo». En 1998 abrieron un nuevo local en Arza con la sección de hogar, pero la falta de relevo generacional les ha llevado a limitar su negocio a la confección de cortinas industriales y a iniciar la liquidación el 5 de mayo.









