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30 millones y 13 años para una balsa seca
La presa de Ullibarri-Arrazua para el regadío de Noryeste sigue sin fecha de llenado y con grietas de hasta un metro de diámetro
13.04.08 -

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30 millones y 13 años para una balsa seca
SECA. Vista general del 'vaso' de la presa de Ullibarri-Arrazua que, pese a la nieve y las lluvias de las últimas semanas, sigue sin retener caudal alguno. Al fondo, colas del embalse de Ullibarri-Gamboa, rebosantes de agua. / IGOR AIZPURU
Silencio. No hay respuesta de las instituciones vascas cuando se pregunta por la puesta en funcionamiento del regadío del Noryeste, en el que la Diputación lleva invertidos el doble de lo que costó el Artium: más de 30 millones de euros, 5.000 millones de las antiguas pesetas. El problema radica en la balsa de Ullibarri-Arrazua, ubicada en este pueblo de Vitoria y cuya construcción terminó en 2003. Cinco años después, el inmenso 'vaso' de 50 hectáreas -se trata del cuarto embalse más grande de Álava y el quinto del País Vasco- no ha recibido ni un litro de agua reciclada de Crispijana.

¿El motivo? Según versiones. La la Diputación defiende que «las pruebas de llenado no se pueden realizar hasta que la Comisión Nacional de Protección Civil no apruebe el plan de emergencia», apuntaba esta semana un portavoz del Gabinete Agirre. Y es que la balsa, debido a su capacidad de siete hectómetros cúbicos, tiene la categoría de gran presa. Esto obliga a disponer de unas medidas de seguridad. La explicación oficiosa la ofrecen personas conocedoras del proyecto: «No retiene agua. Por eso, continuamente se retrasa la tramitación. Es un escándalo».

El paraje, situado a unos once kilómetros de la capital alavesa, está seco. No ha almacenado ni una gota de las lluvias y nevadas de marzo. A escasos metros, las colas de Ullibarri-Gamboa rebosan agua pese a los últimos desembalses. «¿Si Ullibarri-Arrazua no retiene el líquido que el cielo le regala, puede conservar el que le deberían suministrar, mediante bombeo, desde la depuradora de los regantes de Arrato?» Otra pregunta que nadie contesta, mientras la mayoría de las miradas no apartan la vista de las grietas de hasta un metro de diámetro que resquebrajan la balsa por llenar. Por algo, la prestigiosa Fundación Nueva Cultura de Agua aconsejó en su día asegurar la estanqueidad de la infraestructura.

Mil agricultores

El Departamento foral de Agricultura, a cuyo frente está Estefanía Beltrán de Heredia, se escuda en la Comisión Nacional de Protección Civil para explicar un retraso de casi un lustro. Sin embargo, un responsable de este organismo estatal asegura a EL CORREO que el plan de emergencia fue retirado del orden del día de su última reunión, en diciembre pasado, «a petición del Gobierno vasco. Consideró que no estaba maduro».

El Ejecutivo autónomo también opta por el silencio, pese a tener dos consejerías -la de Interior y la de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio- implicadas en el asunto. Según un informe facilitado por la propia Administración alavesa a las Juntas Generales, estos dos departamentos han emitido sendos dictámenes que resaltan una serie «deficiencias» en el plan de emergencia, presentado por la comunidad de regantes Noryeste, beneficiaria de la balsa.

El presidente de este entidad, Jesús Díaz de Durana, da la callada por respuesta. Asimismo, el autor del proyecto, el ingeniero Julio López, ha eludido atender a este diario cuando ha tratado de saber en qué fase está un plan de regadío que afecta a un millar de agricultores de 24 pueblos y cuatro municipios. Entre ellos, Vitoria. Por cierto, los responsables del parque de bomberos han descartado informar sobre el plan de seguridad del embalse. ¿La razón? El Centro de Estudios Ambientales, dependiente del Ayuntamiento, considera que el estudio hidráulico previo «no permite llevar a cabo una adecuada estimación de los daños que la rotura de la presa podría ocasionar en la capital alavesa».

120 kilómetros de tubos

Mientras tanto, los trigales afectados por este regadío que no llega crecen sobre 120 kilómetros de tuberías secas a lo largo de 5.500 hectáreas. Miles de bocas de riego están a la vista. Su colocación costó más de 6 millones de euros. El 80% corrió por cuenta de las arcas forales y el 20%, de los regantes.

Una segunda red de 18 kilómetros está instalada para llevar el agua de Crispijana a la presa. En 2002, estas dos obras se adjudicaron en 16,5 millones de euros. ¿Ha sido éste el precio final? A falta de datos oficiales, hay que recurrir a un estudio realizado por la Fundación Nueva Cultura del Agua por encargo de la Diputación. Este informe decía que el precio podría dispararse a los 24 millones.

A estas cifras hay que añadir casi medio millón de euros en instalaciones de seguridad, como una caseta de control de la infraestructura hidráulica y cuatro torretas de altavoces para alertar a los pueblos en caso de rotura del embalse.

En 2005, la Diputación gastó 1,7 millones más en una pequeña balsa en Mendarozketa para que un centenar de agricultores rieguen 600 hectáreas con agua del Ullibarri-Gamboa.

Los primeros capítulos de este proyecto se esbozaron hace trece años. Los últimos están por escribir. El PP acaba de pedir a la diputada de Agricultura que explique en las Juntas Generales si la balsa va a tener un uso diferente al previsto. En concreto, le pregunta «si tiene conocimiento de que alguna empresa o institución está interesada en utilizarla como vertedero». ¿Un basurero en vez de un macrobalsa para riego?
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