El proyecto se empezó a gestar, al igual que la exposición, el pasado verano. La tarea de realizar el catálogo recayó sobre Valderrey, que según sus propias palabras, aceptó «gustosamente».
En el mes de septiembre instaló su propio estudio de fotografía en el taller de Paulino, y fue tomando instantáneas del día a día de trabajo en el lugar. El artista se mostró a entera disposición del fotografo, y nunca puso ninguna queja a su presencia.
Valderrey estuvo durante más de un mes tirando fotos. «Para mí ha sido un privilegio poder trabajar en el taller de Paulino. Ver de cerca su día a día, ver como iba ganándome su confianza. ¿Lo tenía a mi entera disposición! Como experiencia, ha sido muy gratificante», señala el fotógrafo.
Después, llegó la exposición en octubre. El fotógrafo eibarrés aprovecho entonces toda la recogida de obra que se realizó para la muestra, y fue tomando instantáneas de cada una de las piezas que llegaban. También se dio un paseo por aquellos lugares públicos en los que hay esculturas de Larrañaga. Tuvo que desechar algunas de las instántaneas, pero las mejores se pueden ver en el libro que se presenta el próximo miércoles.





