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Sociedad

BIBIANA FERNÁNDEZ, ACTRIZ
«En el amor ya no quiero ser cárcel, sino puerto»
«Lo mejor del Baile de la Rosa fue tener que explicarle a Lagerfeld la estética de Paco Clavel»
13.04.08 -

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«En el amor ya no quiero ser cárcel, sino puerto»
Locuaz y extrovertida, Bibiana Fernández es lo que se dice un 'bombón' como entrevistada. Recién llegada de Montecarlo, del famoso Baile de la Rosa, la más alta musa de Almodóvar se desplazó el martes a Zaragoza para desfilar en la pasarela 'Extravaganza' de L'Oréal Professionnel con un aflamencado peinado de Lorena Morlote, de los que hacen época.

-Tiene una melena envidiable.

-El ondulado es lo único natural. Todo lo demás es artificial. Yo creo mucho en lo artificial. El artificio bien aplicado al mundo de la imagen te permite fantasear.

-Y en eso es usted maestra.

-No me queda más remedio que recurrir a todos los trucos. De hecho, en una charla de peluquería, valga la redundancia, me surgió este trabajo para mostrar la nueva coloración de L'Oreal Professionnel.

-¿Le gustan las charlas de peluquería?

-Me gustan las charlas, en general. Yo hablo hasta con un cajero automático. Voy a sacar dinero y le hablo al cajero, directamente.

-¿Viva la gente comunicativa!

-Sí, creo que eso facilita mucho la convivencia en esta itinerancia en la que vivimos, donde muchas veces coincides con extraños. Pero, como decía Blanche DuBois, hay que confiar en la bondad de los desconocidos. Yo he hecho muchas amistades en el Puente Aéreo.

-¿Tan fácil se abre a los demás?

-Soy confiada porque el miedo es el peor compañero que podemos tener en la vida; la hace más pequeña. Cuando abres la ventana pueden entrar moscas o ladrones. Pero cerrar la ventana significa que tu vida no se airea, que en ella no suceden cosas. ¿Y hay algo más triste que el que no te pase nada?

-¿Qué le dice la palabra 'Extravaganza'?

-La extravagancia ha impulsado mi vida. La he construido alrededor de ese perfil o 'skyline' que yo vislumbraba desde la adolescencia en esas revistas, que entonces eran más del corazón y ahora son más de las tripas y las entrepiernas.

-¿Qué pintaba la Movida, tan rompedora, en Mónaco?

-Ojo, que Carolina fue muy rompedora también. Bailaba en Studio 54 y fue musa de Warhol.

-Ya, pero aquello no era Studio 54, sino el Baile de la Rosa.

-Y eso habla muy bien de ellos, porque fue el Baile de la Rosa el que se amoldó a nosotros, los de la Movida. No olvidemos que se trata de un baile temático. El primero que yo recuerdo era sobre las Mil y Una Noches. Y fue como una premonición de lo que iba a ser mi vida: mil y una noches...

-¿En blanco?

-Maravillosas, en general, porque yo siempre me quedo con la parte buena.

-¿Se sintió cómoda con su Dior rojo?

-Mucho. Allí no fuimos a romper, sino a pasarlo bien. Más rompedor ha sido Mick Jagger y se ha convertido en 'sir'. Es que nos estamos haciendo mayores.

-¿Quién le piropeó más, Alberto?

-No. A mí me tocó más de cerca el matrimonio de Ernesto y Carolina, y me sorprendieron por lo cultos, brillantes, encantadores, guapos, elegantes... A él no le vi esa fama de perverso que le atribuye la prensa del corazón. Me pareció divertidísimo y muy atento. Cada vez que yo sacaba un cigarrillo, el señor Hannover me lo encendía. Me pareció un anfitrión perfecto. Y ella, exactamente igual. En un momento hablamos de Chavela Vargas y de cuando su madre hizo cine con Ricardo Montalbán en México. Carolina está en todo. Hasta se fijó en que un bailarín llevaba el pantalón demasiado corto.

-¿Cenó bien?

-Las cenas en esas fiestas sólo son un pretexto. Pero la compañía de Carolina y su marido fue deliciosa en todo momento; incluido el pequeño almuerzo que tuvimos al día siguiente.

-Y de Alberto, ¿qué?

-Me pilló más lejos. Y prefiero no hablar de alguien del que no me he formado una opinión.

-Qué diplomática. ¿Es Charlene más alta que usted?

-No me llegué a medir, pero es muy alta y atlética. A la que me quedé con ganas de conocer es a la tía Antonieta. Es toda una institución en Mónaco, pero no fue. Me tocó sentarme al lado de Pedro, que tiene una oreja buena y otra mala. La buena me la daba a mí y la mala a Carolina, así que me cambié de lugar para que la princesa pudiera disfrutar de la oreja buena, e incluso de Pedro entero. Porque es que del otro oído es como una tapia.

-¿Qué fue lo más divertido?

-Para mí, cuando tuve que traducirle al señor Lagerfeld la estética de Paco Clavel: quién es, por qué viste así... Quedó encantado. Estaban todos muy hambrientos de diversión.

-La van a llamar Bibiana de Mónaco...

-Quite, que para eso ya está Carolina. Sus hijos me parecieron auténticos cañones. Todo era puro amor y lujo.

-Cambiando de tema, la veo muy cauta con su novio, Hussein.

-Claro, porque las relaciones, más allá de la alegría que nos aporten, duran lo que duran. Y una es más consciente de eso cuando ya tiene una edad.

-Le gustan jóvenes, ¿no?

-Es que más jóvenes que yo son casi todos. Si no, tendría que ir al asilo a buscarlos. No es que me gusten jóvenes, me gusta que estén vivos. Pero sobre todo alguien que aporte a mi vida ilusión. Porque en el amor, lo más importante es querer. Ésa es la llave que te lleva a cualquier destino.

-¿Le aporta algo distinto Hussein?

-Todos los hombres de mi vida son distintos y yo he sido una mujer distinta, porque me encontraba en una etapa diferente de mi vida. Yo ahora mismo reacciono de otra manera ante el amor. Lo necesito menos. Antes era como un faro que iluminaba mi vida. Pero ahora quiero ser puerto y no cárcel. No quiero ser la que decida cómo va a moverse la persona con la que vivo. Quiero que me elija y que el tiempo que pasemos juntos tenga buena calidad, más que cantidad.
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