
Entre los asistentes, había también antiguos alumnos del ya obispo auxiliar de Bilbao en los dos seminarios de Córdoba. Imposible arrancarles crítica alguna hacia el que fuera su «profesor moderno y ameno, gran amigo de contar anécdotas en clase», se peleaban por destacar José Antonio Pérez, Jesús Ángel Doblas, José Antonio Jiménez, Javier Algar, Manuel Rodríguez y Ángel Cristo Arroyo -«de verdad me llamo así», concedía este último-.
María José Gallego, profesora de Filosofía, nunca llegó a impartir su asignatura a Iceta, coincidió con él por circunstancias: «Yo era alérgica al polen y él se encargaba de darme las vacunas, como buen médico». La mujer le recuerda como un hombre «amante de su tierra. Ahora, los cordobeses nos sentimos hermanados con los bilbaínos», aseguraba.
La mayoría de los recién llegados pudo seguir la ceremonia en el interior del templo, si bien en el pórtico y en el claustro dos plasmas permitieron no perder detalle de la consagración. Como 'souvenir', un sacerdote entregaba una postal con la imagen de la Virgen de Begoña a los asistentes. El párroco de Santiago aprovechó para tomar una última foto con su móvil al auxiliar de Bilbao. En el seminario de Derio les esperaban para comer obispos y sacerdotes. Los que no tuvieron que coger un avión, o un autobús, de inmediato.







