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JOSÉ LUIS SABAS, CONCEJAL DE OBRAS Y SERVICIOS DE BILBAO
«Bilbao está muy bonito por fuera, pero sus tripas están enfermas»
Sabas respira «tranquilo» por la exitosa renovación de la red principal de aguas, aunque avisa que las roturas seguirán
13.04.08 -

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«Bilbao está muy bonito por fuera, pero sus tripas están enfermas»
LA OBRA. Sabas, en la tubería de Elejabarri. / FOTOS: BERNARDO CORRAL
José Luis Sabas gestiona Obras y Servicios, el área que más presupuesto maneja en Bilbao. Él es el concejal de los tajos: desde el arreglo de las aceras, que dan lustre a un vecindario por pequeño que sea, hasta los de gran alcance, como la dichosa red de aguas que tantos quebraderos de cabeza provoca en la ciudad. El domingo pasado salió airoso del último reto. Y no siempre se sale bien parado de una obra tan compleja como las tuberías.

-Alguna ojera se le nota todavía. ¿Le ha quitado el sueño la renovación de la red principal de aguas?

-El tema de aguas quita el sueño casi todos los días del año. Para hacerse una idea, el año pasado tuvimos 1.104 reventones de mayor o menos calibre. Esto es como la cirugía. No es lo mismo un problema en una variz que en una aorta. La responsabilidad de poder dejar a mucha parte de Bilbao sin agua, pues es muy seria. Eso lo vimos el domingo pasado.

-Ha pasado ya casi la semana de cuarentena tras las obras en la tubería central. No hubo corte ni bajada de presión, salvo en un vecindario. ¿Ha ido todo bien?

-Nos ha ido bien, pese a la lluvia. Incluso, hemos adelantado obras de asfaltado y de aceras. El problema del domingo fue la sensación de que te comen las horas. Amanece rápido y mi preocupación era que el lunes todo el mundo tuviera agua para ducharse. Todo fue correctamente, pero hasta que no lo ves hecho, no estás tranquilo.

-La red renovada sirve a 150.000 bilbaínos. Explíqueles que ya pueden estar tranquilos.

-Hemos acabado con el trasplante de la aorta de Bilbao, la gran arteria. Pero no quiero dar una imagen de triunfalismo. Hay que seguir trabajando porque hay un tema clarísimo. Bilbao está muy bonito por fuera, pero tiene algunas enfermedades interiores que hay que ir arreglando. Yo soy de la idea de que si arreglamos las tripas, urbanizamos la ciudad. Esa es mi política.

-Fueron 'sólo' tres empalmes el domingo, pero la operación culminaba la obra pública de mayor envergadura de los últimos 25 años en Bilbao. ¿Hubo algún momento crítico?

-Pasada la mañana, que nos fue bien, descansamos. El momento más duro fue hasta comprobar que el agua volvía a circular bien por unas tuberías nuevas. Vimos que no había pérdidas y respiramos.

-Algunos pueden pensar que fueron alarmistas en exceso con el aviso de corte y bajada de presión.

-En esta vida se puede ser valiente, pero imprudente, no.

-Prevenido.

-Soy de carácter muy optimista. La verdad es que de las cosas malas, siempre aprendes. De la avería de noviembre, cuando reventó una tubería por accidente en Rekalde, aprendimos una lección muy buena. Buscamos los puntos débiles y comprobamos que había una alternativa para mantener el suministro, la prueba del algodón.

-Hablando de prevención, ¿confiese cuántas veces se le ha aparecido el fantasma de la pasarela de Bentazarra -el fallido montaje que generó un atasco enorme en la A-8-.

-Ninguna... Solamente en la madrugada del lunes. Lo comentamos entre nosotros: 'No ha amanecido como en Bentazarra'. A mi Bentazarra no me ha dejado señal.

-Se aprende de los errores.

-En Bentazarra hubo un problema, un accidente; protocolariamente no tomamos alguna medida que había que tomar... Pero de eso se aprende. En mi profesión, si algo te deja señales, te limita luego la capacidad de decisión.

-La mejora de la red es un trabajo de gran importancia y complejidad. La vida útil de una tubería es de 50 años, la trama sufre tres roturas al día y en Bilbao sólo -entre comillas- se ha renovado el 25% de la red.

-Hay dos cosas fundamentales en la vida de una sociedad moderna: el agua y el desagüe. Los que hemos conocido las restricciones, y no sólo por la sequía, valoramos más la mejora del servicio. Tenemos que concienciarnos de que la renovación de la red es para siempre. Hay dos aspectos. En la primaria, el tronco principal, no podemos consentir la rotura. Y en la secundaria, aunque vayas renovando, seguirá habiendo reventones.

-¿Hay que resignarse en Bilbao a los reventones, por muy rápido que sea el arreglo?

-Por supuesto. Hemos implantado un plan de arreglos de rápida aplicación. Pero quiero que la gente sepa que Bilbao está enfermo en sus tripas, en su agua. Y que no hay más narices que renovarse.

-Ordunte sirve al 67% de Bilbao, pero su idea es mejorar su capacidad y servicio. ¿Hay agua suficiente en este pantano burgalés para abastecer a la capital vizcaína?

-Nuestra idea es ir a por más agua y gastar menos. Vamos a aumentar la capacidad de Ordunte. Con sequía, seguiremos tomando agua de arroyos naturales para limpiar las calles. Y pensamos en tender dos tuberías que cruzarán la ría por La Peña y Olabeaga, hacia Zorrozaurre, para abastecerles. Pero lo importante es gastar menos.

-El Ayuntamiento es un gran consumidor de agua. ¿Qué controles hay para moderar el gasto?

-Despilfarros, cada vez menos. Vamos a reforzar la colocación de detectores de fugas. Por término general, el consumo en Bilbao ha bajado un 24% en esta última década. Luego está la demagogia del agua. La depuración sólo representa el 6% de su coste, así que me parece falaz que nos critiquen porque baldeamos con agua potable. Hombre, lo hacemos con agua del río Bolintxu cuando hay sequía.

-Las redes de agua son vulnerables. Si un tramo falla, adiós suministro. ¿Hay ese riesgo en Bilbao?

-No, porque estamos conectados a la red del Consorcio. De hecho, vamos a funcionar así mientras vaciamos y reformamos el depósito de Elejabarri. Hay alternativa.

-Además de complejas, estas obras son muy caras. Uno de cada tres euros gastados en obras van a parar a tuberías y aceras, un tajo que parece vulgar en una ciudad de vanguardia.

-Pongo un ejemplo. Levantar la persiana de Bilbao cuesta 90 millones de euros al año. Nuestra obligación es sacar el máximo rendimiento a los recursos públicos. Somos una ciudad atractiva, en la que no hay descuidar el día a día, sus calles, sus barrios, que no haya diferencias con el centro... sus aceras. Y digo esto en un momento de crisis económica que parece importante.

-¿Dolerá un poco más picar la acera a 93 euros el metro cuadrado de la 'baldosa Bilbao'?

-Siempre miramos el dinero, pero habrá que hacer una política de restricciones. Bilbao tiene un alcalde que para eso es muy mirado. Hemos aprovechado los años de vacas gordas en favor de las finanzas del Ayuntamiento de Bilbao. Yo soy de los que piensa que puedes tener los zapatos más o menos viejos, pero al menos deben estar limpios.
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