
Su aventura arrancó en 2002, cuando aterrizó en Dinamarca para hacer un curso de Erasmus en la licenciatura de Periodismo. Y se enamoró del país. Los meses se sucedieron y, una vez concluido su año de estudios, regresó a la capital alavesa. Lo cierto es que no duró mucho allí. Su objetivo era volver a Aarhus, la localidad danesa en la que vive desde hace más de cinco años. Tardó poco en alcanzar su meta.
No habían pasado ni seis meses desde que abandonó Dinamarca cuando regresó. En esta ocasión, para hacer un curso de televisión. Sin embargo, la mala fortuna le persiguió durante una buena temporada. Hasta el punto de llegar casi a la desesperación. «No encontraba trabajo. Probé a hacer de todo: limpiaba las cocinas de algunas guarderías, casas, hice encuestas por teléfono...». Nada relacionado con el periodismo. Todo se puso en su contra, pero decidió no arrojar la toalla: siguió luchando hasta ver su sueño hecho realidad.
La adaptación fue más difícil de lo que esperaba. Y tuvo que emplearse a fondo para virar el rumbo de su nueva vida. «Los comienzos fueron duros, sudé la gota gorda. La situación fue mejorando con el tiempo. De hecho, en Dinamarca he logrado cosas que nunca hubiera conseguido en el País Vasco. Pero me he superado. ¿Incluso di clases de euskera a un grupo de lingüistas daneses! Fue durante poco tiempo, pero estuvo genial», revela orgullosa. Maite es, sin duda, una mujer hecha a sí misma. Y valiente.
«Me he hecho fuerte»
Ahora está en racha y el viento sopla a su favor. Ha logrado un buen empleo que le permite relacionarse con mucha gente, y se siente satisfecha. «Soy asistente de ventas en una oficina de Best Seller, una empresa que vende al mercado español. Así que mantengo contacto con tiendas de ropa de allí», explica.
De su experiencia en el extranjero, destaca la fortaleza que ha adquirido. «Lo he pasado mal, pero también me he hecho más fuerte», admite. Y no olvida mencionar la cantidad de amigos que ha cosechado en esta aventura, aunque no duda en matizar que la personalidad de los daneses «es muy distinta a la nuestra. Son más cerrados, les cuesta hacer amistades. Nosotros somos más abiertos. Por esta razón, después de cinco años, todavía me siento diferente en Dinamarca», admite.
Maite se encuentra «más que a gusto» en tierras danesas. Esta joven tiene claro que quiere exprimir al máximo la experiencia y que todavía no le ha sacado todo el jugo. Así que la vuelta resulta complicada. «Quiero regresar, lo que no sé es cuándo. Algo me dice que en Dinamarca quedan todavía muchas cosas por probar», relata. Y es que es muy difícil romper con todo lo que ha logrado. «No tengo prisa. He conseguido un buen trabajo, he hecho amigos... Tengo una buena vida aquí», concluye. Y no sin esfuerzo.





