
El conflicto se inició hace un año, cuando la congregación avisó al Arkitze de que el contrato que habían firmado en 1978 y que permitía el uso de las dependencias al club ya finalizaba, por lo que debían abandonar el recinto deportivo. Además, para justificar su negativa a prorrogar el permiso, la dirección del centro se escudó en el incumplimiento de una de las cláusulas del pliego, donde se detallaba que los socios debería hacerse cargo del correcto mantenimiento del equipamiento.
Así, los asesores legales del colegio llegaron a afirmar -aludiendo a un informe técnico- que las fugas en las piscinas eran una amenaza para la estructura del centro e incluso alertaron de la presencia de cucarachas en el agua de las piletas. Además, para atajar las deficiencias y renovar el contrato, las religiosas exigían a los socios un aval de 500.000 euros y un plan de reforma, petición que desembocó en una tormentoso litigio.
Ahora, el laudo favorable al colegio aclara «que nunca hubo ningún riesgo, porque los desperfectos no son de entidad suficiente», explicó ayer Jesús Casado, abogado del Arkitze, quien también destacó que la decisión arbitral destaca que los fallos de la zona deportiva «no son imputables al club». Además, el proceso de arbitraje se ha saldado sin consecuencias económicas para ambas partes. De este modo, ni los socios, que reclamaban 1,2 millones de euros por diferentes conceptos, ni las religiosas, cuyas pretensiones se cifraban en más de 850.000 euros, percibirán ningún tipo de compensación. Ni siquiera tendrán que pagar las costas.
La ausencia de consecuencias monetarias es, sin embargo, un consuelo menor para los asociados, que ya no podrán hacer uso de las instalaciones deportivas. «Desde luego, el desenlace no ha sido nada satisfactorio para nosotros -admite Casado-. Recurrimos al arbitraje porque era la única salida que nos quedaba después de que las negociaciones se fuesen intoxicando para alarmar tanto a alumnos como a sus padres».
Zona compartida
Al haber aceptado la mediación arbitral en el conflicto y no encontrar el letrado de los socios «ninguna causa para su impugnación», empieza la cuenta atrás para el Arkitze, que dispone de dos meses y medio para dejar el equipamiento a disposición de la congregación, cuyo alumnado ya disfrutaba de las dependencias, que compartían con el club. No obstante, en los últimos tiempos habían dejado de acudir a la piscina por los supuestos desperfectos y falta de higiene en los que se escudaba la dirección.





