
EL CENTRO ANDALUZ
Aquellos que estos días no han podido acudir a las casetas del Real dieron ayer lo mejor de sí en la feria de primavera, una feria de abril a escala vitoriana que, por noveno año consecutivo, ha organizado el centro andaluz Séneca. Fundado hace casi tres décadas, cuenta con una parroquia de 300 comprometidas familias.
Y fue allí donde decenas de personas se dieron cita ayer para despedir unos festejos un tanto deslucidos por la ausencia de la carpa al aire libre. «Ha sido un poco descafeinado, muchos contaban con ella y la han echado en falta, pero por el tiempo y otros inconvenientes no ha sido posible», reconocía José Antonio Rivera, presidente de la casa regional. «El año que viene esperamos poder instalarla, pero ahora se trata de que la gente se anime, baile y se divierta», añadía otro integrante de la junta directiva, Tomás Cid.
Y lo lograron. Las guirnaldas que coloreaban el techo, junto con las provisiones de jamón, gambas, aceitunas y pinchitos morunos, ayudaron a mantener el tipo en medio de un ambiente que se caldeó por momentos con el arte de las pequeñas alumnas de sevillanas del centro. Bulerías, rumbas y soleás arrebataron entusiastas aplausos. Igual que el grupo Triana de Sestao, que interpretó 'Golpes de taberna' y 'Fiesta gitana', lo que arrancó los 'olés' de un público entregado. «Es como tener un trocito de la tierra aquí. Nos alegra el espíritu», suspiraba Manoli Jordá, responsable de la casa andaluza de la localidad vizcaína.
El Rocío, en mayo
Pero no hace falta haber nacido en tierra andaluza para celebrar su gracia y salero. Bien lo sabe Mari Carmen Martín, salmantina afincada en Vitoria desde hace 36 años. Con un vistoso traje de faralaes, mantilla y flor en la oreja, disfrutaba como la que más.
Igual que Adolfo Manteca, ataviado con las correspondientes prendas camperas. «Soy de Zamora pero desde crío me ha gustado esto, lo llevo en la sangre», confirmaba en un improvisado baile con sus hijas. A su mujer, Isabel Pérez, no le va el taconeo. «No tengo arte». Lo que no le impide admirarlo y anunciar su intención, no muy lejana, de viajar hasta el Real original. «Fuimos hace cuarenta años, cuando nos casamos, y ya es hora de volver».
La que a buen seguro regresará es la diversión, que ahora sólo ha calentado motores. La gran prueba, el segundo fin de semana de mayo, cuando el Rocío espera impaciente a sus incondicionales en la versión vitoriana del parque de Arriaga. Y la fiesta promete.









