
Su hermano, empleado también en la misma estación de servicio, está asombrado por la entereza de este joven de 20 años. Aunque Fernández sabe que, después de lo ocurrido, el miedo se contagia a su alrededor: «Mi madre está muy preocupada por mí. Ahora anda un poco más relajada, quizá porque me ve más tranquilo», apunta.
Asustados
El temor se ha cebado más en su compañero, al que le tocó la mala fortuna de sufrir los dos atracos. «Sí se le nota afectado. Ya de por sí es inquieto, pero después de esto está más nervioso que antes», comenta. Como consecuencia de los dos asaltos, todos los trabajadores están ahora en tensión, ojo avizor en esta estación de servicio. «Estás más atento, más alerta que antes. Miras dentro de los coches, según vienen, para verles la cara y saber quiénes son», asegura.
«La verdad es que estamos más nerviosos y estresados que antes en el trabajo, aunque el jefe lo ha entendido perfectamente», explica Fernández. Este joven de Plentzia prefiere no hacer conjeturas sobre el futuro. «Me da miedo que puedan volver», confiesa, para concluir que «no me han hecho nada grave, pero si les hubiese plantado cara, quizá sí. La verdad es que prefiero no pensar en esas cosas».





