
-¿En qué diferencia la libertad de expresión que Sagasta estableció en 1883 y la que existe hoy?
-Entonces, sus límites venían de la inestabilidad política y social de España. En muchas ocasiones, durante meses, en realidad se suspendía cuando se suspendía la Constitución. Hoy, lo que la limita más es el poder del dinero. Si no hay un fuerte respaldo económico, no te puedes expresar a través de la prensa. Al menos, con Internet se abren otros caminos.
-Aunque sobre el papel no tuvieran que ver, ¿en la aplicación práctica la Ley de Sagasta se pareció a la Ley Fraga de 1962?
-La Ley Fraga en realidad fue un espejismo, mucho menos liberal que la de Sagasta. La gran diferencia es que Sagasta permitió que los delitos de prensa se sometieran a tribunales ordinarios. En cambio, Fraga no sometía a los periodistas a censura, pero sí a tribunales especiales.
-El Sol es un caso único en el periodismo español, por su corte intelectual y el público al que se dirigía.
-Sí. Por cómo fue planteado, con enormes medios técnicos y con un equipo de periodistas de primera fila, a los que se ofrecía trabajo fijo y sueldo alto a cambio de una dedicación total. Fue novedoso en muchos aspectos, muy moderno para su tiempo. Quería llevar a España a la modernidad.
-¿Canalizó la vida política del país?
-No, en el sentido de que fue representativo sólo una minoría; fue un éxito de calidad, pero no de público. En España no había una masa de lectores cultos a los que dirigirse. Eso sí, en calidad, en su categoría social, sí que influyó en la vida política porque fue el diario de una cierta élite.
-¿Hoy sería viable algo así?
-Creo que sería más fácil, porque sí existe esa masa de españoles suficientemente cultos para entender lo que proponía.
-Pero cojearía en lo económico.
-Es cierto que no fue planteado como un negocio. Fue creado por el director de la Papelera Española; no se le pedían beneficios, pero sí que equilibrara presupuesto. No lo consiguió, y se creó otro diario, La Voz, dirigido al gran público. Y fueron los beneficios de La Voz los que permitieron a El Sol vivir.
-No pudo calar mucho en la prensa española, porque tras desaparecer, hubo 40 años de dictadura...
-El Sol lo fue sólo durante 13 años, de hecho. En 1930, Ortega publicó un artículo contra la monarquía, diciendo que había que «destrozarla». El Rey chantajeó a la Papelera y El Sol cambió de línea. Luego llegó la dictadura, y con la democracia, no se recuperó lo que significó esa España, aunque sí ha habido elementos de continuidad.
-¿Qué elementos?
-En general, España se parece hoy mucho más a lo que quisieron los que crearon El Sol que a lo que aspiraban sus adversarios: abierta, liberal, progresista. Al final, la historia, de alguna forma, les ha dado la razón.






