Según explicó la directora del estudio, Ana Peñaranda, «los altos niveles de ruido ambiental hacen que el cuerpo aumente la producción de adrenalina y otras hormonas, lo que eleva el estrés y debilita el sistema inmunitario, por lo que aumenta la probabilidad de caer enfermo». De hecho, a casi la mitad de los encuestados les molesta bastante o mucho la contaminación acústica y un 17% asegura que ha visto afectada su actividad diaria por esta causa.
En cualquier caso, Peñaranda reconoció que no sólo las grandes ciudades son ruidosas. La directora del estudio puso el ejemplo el caso de Granada y Cáceres, capitales donde residen muchos estudiantes y el ocio nocturno produce un gran impacto acústico. No obstante, el tráfico rodado es la fuente más mencionada por los encuestados como origen del ruido ambiental en su vivienda, seguida del ruido generado por el vecindario.
Ley paralizada
Mientras tanto, la normativa que regula la contaminación acústica sigue paralizada cinco años después de su aprobación. La descoordinación entre administraciones, los incumplimientos de los agentes implicados y el vacío legal de algunos elementos causantes del ruido frenan su desarrollo legislativo. Todo ello pese a que España es el segundo país con mayor exceso de decibelios tras Japón. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha equiparado el ruido a la polución en cuanto a fenómenos que menguan la calidad de vida de los ciudadanos.







