
El atraco de la gasolinera situada en la carrera que enlaza Mungia con la capital vizcaína, en dirección Bilbao, tuvo lugar el pasado 19 de marzo a las 13.40 horas. Tres jóvenes de etnia gitana llegaron con un Opel Kadet y pidieron cinco euros de gasolina. «Como estaba lloviznando, a mi compañero le pareció normal que salieran con la capucha de las chamarras puesta. Tras servirles, le dijeron que no le iban a pagar», relató ayer un trabajador de la estación Gabai Oil. El operario les llamó la atención y «les dijo que a los sitios no se va así, sin dinero».
Los jóvenes no se dieron por aludidos: «Le respondieron que además iban a coger unos sándwiches y fueron hacia la vitrina», relató el compañero del empleado. «Mi compañero quiso impedir que se fueran sin pagar más cosas, pero, cuando iba a echar mano a la puerta de la vitrina para impedírselo, uno de ellos le golpeó con ellay el otro le puso la zancadilla y le quitó la cartera de la recaudación aprovechando que estaba tirado en el suelo». Después, la pareja de atracadores le incorporó, mientras el tercer joven sacaba una pistola del bolsillo y se la colocaba en la sien al operario. «¿Esto es un atraco y no me mires a la cara si no quieres que esto (por la pistola) empiece a meter ruido!», le gritó.
A pedradas
A esta banda se le atribuye el robo de cerca de una treintena de vehículos, la mayoría perpetrados en la margen izquierda, aunque también han sustraído coches en la otra orilla de la ría. Es el caso del Ford Orion que los ladrones estrellaron sobre las tres de la madrugada contra la cristalera de la fachada de la sucursal de la CAN en Gorliz, el 23 de febrero. «Tardaron un minuto en llevárselo todo», comentó un empleado, que estaba seguro de que «no pierden el tiempo en nada». «Para llevarse los monitores, dos de ellos estiraron de los cables. Como uno de ellos no salió a la primera, ni siquiera lo intentaron de nuevo. Lo dejaron ahí», detalló. En este caso, el botín fue una pantalla plana, un monitor y una televisión.
Pocos días después, el 27 de febrero, su objetivo fue la sucursal del BBVA en Plentzia. A las siete de la mañana, cogieron un par de adoquines del suelo y los estamparon contra el cristal hasta que consiguieron romperlo. Algunos vecinos, alarmados por el ruido, fueron testigos del robo. Dos jóvenes entraron en la oficina, mientras otro les esperaba al volante de un Ford Orion de color rojo. Los ladrones sólo se llevaron 57 euros que había en calderilla.
La Ertzaintza ya ha distribuido las fotos de estos jóvenes, acusados también de atracar un par de veces la gasolinera de Sopelana, así como las de Loiu y Andra Mari. La Policía autónoma trata de cerrar el cerco sobre los protagonistas de un caso cuya investigación se mantiene en riguroso secreto. Mientras, los propietarios de las gasolineras están informados y toman todas las medidas de seguridad posibles -incluso las más sencillas, como cerrar la tienda a la mínima sospecha- y los empleados de las estaciones de servicio miran dentro de los coches para ver quién se acerca a repostar: «Estás pendiente para ver si aparece alguien, con el miedo de que puedan volver».





