
-Eso suena casi poético.
-Es una metáfora. En mi etapa anterior, hace ya muchos años, yo no era muy buen 'conductor' y eso me llevó a ser condenado a muerte sin haber matado a nadie y, una vez conmutada la pena, a pasar 18 años en la cárcel. Pero después de muchos avatares, uno aprende a conducir un poco mejor.
-Durante los años sesenta fue el delincuente más buscado, el 'enemigo público número 1'. ¿Qué queda de 'El Lute'?
-De aquel niño merchero que entró con 22 años en la cárcel sin saber ni leer ni escribir, de la época de los grandes desaciertos, yo creo que no queda nada.
-Dicen que usted es un ejemplo de cómo aprender de los errores del pasado.
-Es de los errores de los que se aprende, porque los aciertos idiotizan. El mensaje es cómo se puede cambiar partiendo de unas raíces. Yo soy merchero, algo parecido a los gitanos. Era nómada y tenía como enemigos naturales a la Guardia Civil caminera. Todo apuntaba a que iba a seguir una línea oscura y de cárcel.
-Y llegó la metamorfosis estando condenado a muerte tras el atraco a una joyería en el que perdió la vida un vigilante.
-El primer año de mi vida penitenciaria lo pasé en el penal de El Dueso, en Santander, fluctuando entre la idiotez, el homicidio y el suicidio. No entendía que eso le pasara a alguien que no había matado a nadie; yo transgredí las normas payas sólo para alimentarme. Nunca se derramó por mi culpa una gota de sangre. No entendía, sólo sentía, como un animal. Pero cuando se supera eso, uno ya no es la misma persona: cuanto más gorda es la crisis, mayor es la transformación.
-¿Cómo lo superó?
-Mediante el estudio y la toma de conciencia sociopolítica.
-Suele hablar mal de la prisión, pero fue allí donde aprendió a leer e incluso estudió Derecho. ¿No es una contradicción?
-Puede parecerlo, pero no lo es. Si me formé en la cárcel fue a pesar de la cárcel. Decidí que la prisión sólo es tiempo y, tras hartarme de llorar, llegué a la conclusión de que tenía que aprovecharlo. Al principio te ayudan, es como una especie de catequesis, como diciendo 'vamos a desbravar a este muchacho'. Tuve que empezar con el 'aeiou'. Pero luego, seguir estudiando me costó muchos arrestos por leer libros que calificaban de subversivos. La cárcel no rehabilita, pero no se sabe qué hacer con las personas que caen en el delito.
San Eleuterio
-A usted le ha ido bien.
-Al principio, era el 'enemigo público número 1' y las madres amenazaban a sus hijos diciendo que si no se dormían iba a venir 'El Lute'. Luego, resulta que 'El Lute' luchaba, estudiaba, iba limpio, y pasó a ser 'San Eleuterio'. Todo eso se cuece al margen de la persona.
-A ello ayudan elementos como que Boney M, en 1980, glosase su historia en una canción como una lucha contra el Franquismo. O que ese mismo año una canción con letra suya, 'Quisiera', ganase el festival de Benidorm.
-Soy un poco poeta, como todo el mundo. Lo de Benidorm era un poema al que se le puso música. Tengo 200 ó 300 poemas, pero la verdad es que me da mucha vergüenza enseñarlos. Es muy personal.
-¿A qué se dedica ahora?
-Estoy preparando un libro sobre los mercheros, escribo artículos en periódicos, doy charlas...
-¿Ya no ejerce el Derecho?
-Hace mucho que lo he dejado. Sólo me puse la toga durante tres años, pero tenía muchos problemas porque le daba mayor importancia a la Sociología que al Derecho a la hora de explicar las conductas de los acusados. Creo que las leyes deberían tener más en cuenta las circunstancias de cada uno y evitar la cárcel en muchos casos, porque allí la gente empeora.
-De todos modos, qué raro tener a 'El Lute' de abogado, ¿no?
-Mucho. Hasta yo lo veía raro.









