
El IX Congreso de Rusia Unida, organización creada por el Kremlin hace ocho años, comenzó el lunes con mucho aspaviento y cobertura mediática. Se diría que hay por delante una nueva convocatoria electoral. Pero no es el caso. Las legislativas se celebraron en diciembre del año pasado, con victoria aplastante de Rusia Unida, y las presidenciales en marzo último, también con un apabullante éxito de su candidato, Dmitri Medvédev, el hombre designado por Putin para sucederle.
Lo que parece haber detrás de todo es un intento de lanzar un mensaje claro a la sociedad de que el inquilino en funciones del Kremlin no será un primer ministro dependiente del jefe del Estado, como todos los anteriores dirigentes, sino con fuerza propia y con el respaldo total del Parlamento. No permitirá que su delfín trastoque sustancialmente el actual 'statu quo'. Contar con más de los dos tercios de los escaños de la Duma permitiría iniciar el procedimiento para apear a Medvédev de la presidencia e incluso para modificar la Constitución.
Lo que más teme la élite rusa es que el nuevo presidente acometa otro reparto de la propiedad, como suele suceder cada vez que se produce un relevo en el Kremlin. La cuestión es saber si Medvédev querrá desembarazarse del atenazamiento de su tutor y, en tal caso, si será capaz de conseguirlo.
Herencia soviética
En la época soviética, los recién llegados al poder estaban condicionados por el control del Buró Político del Partido Comunista, pero terminaban, al cabo de los años, logrando imponer su criterio. Lo mismo le ocurrió a Putin al principio, cuando se encontró que todo su entorno estaba constituido por la vieja guardia de Borís Yeltsin. Tardó poco en desbrozar el camino. Muchos analistas, no obstante, advierten de que sería muy peligroso para la estabilidad del país que se rompiese la armonía entre Medvédev y Putin.
El primero propondrá al segundo para ocupar la jefatura del Gobierno el mismo día del juramento del cargo de presidente y, a la mañana siguiente, el 8 de mayo, la Cámara baja del Parlamento lo confirmará mediante votación. Así lo exige la Constitución aunque no obligatoriamente con tanta urgencia. Putin no quiere estar ni un minuto despojado de cargo en los órganos de dirección del país.
La votación para nombrar a Putin presidente de Rusia Unida no tuvo ayer ninguna abstención ni voto en contra. Los más de 600 delegados asistentes al cónclave se pronunciaron en bloque a favor de la moción. Tal nivel de apoyo no se alcanzaba ni siquiera en tiempos de los congresos del PCUS, en donde la unanimidad superaba con mucha frecuencia el 99%, pero nunca llegaba al 100%.







