Los 'okupas' habían tomado posesión del céntrico edificio el pasado 28 de diciembre, con lo que imaginamos que el propietario, en un primer momento, debió de interpretar la llamada que le advertía de la invasión como la inocentada de algún amigo ingenioso. Los intrusos, que son gente propensa a los pronunciamientos públicos, justificaron su conducta porque en el inmueble estaba previsto construir «pisos de lujo». Es fama que a los 'okupas' no les gustan los pisos de lujo, pero no les basta con no comprarlos, sino que pretenden impedir también su existencia. El mecanismo psicológico es, aproximadamente, el del niño que detesta la sopa y cierra rabiosamente los ojos con la esperanza de que, al abrirlos, la sopa desaparezca.
Lo curioso es que los pisos que van a construirse en el edificio de La Ribera tampoco parece que vayan a competir en magnificencia con el Taj Mahal. Se trata de 50 viviendas de entre 70 y 80 metros cuadrados. La verdad es que el lujo ya no es lo que era. Uno, si tuviera algo más de energía, quizá organizaría un llamativo movimiento social que exigiese que nuestra vida fuese decididamente más lujosa. Por desgracia, no hemos nacido para el caudillaje: cuando advertimos que tres personas están de acuerdo con nosotros, comenzamos a pensar que debemos de estar equivocados.
Pasará algo de tiempo antes de que la promotora comience con la construcción de los nuevos pisos. Hasta entonces, van a poner algún tipo de vigilancia para evitar la reocupación. Al final, todo quedará en que las casas saldrán a la venta y la gente -que, no lo duden, es la culpable última de todo: una panda de alienados- las comprará con mayor o menor esfuerzo. Y no es tan raro porque se trata de una zona estupenda, con bonitas vistas, frente al Arriaga, bien comunicada, junto al nuevo café Boulevard, etc.





