
Menos convencido con sus aptitudes que Herrero, el 'cinco' del equipo se excusa en la envergadura. «Si me hubiesen puesto bolas más grandes, algo así como balones de baloncesto, hubiese sido mejor... Es que los más bajitos lo tienen más fácil», asevera tras su particular 'gymkana' sobre el campo.
Desde las 10.00 horas, jugadores y técnicos asistieron a una clase en la que aprendieron «cuatro nociones» de golf. «Es una actividad distinta, de vez en cuando apetece cambiar la rutina», reconoce Albano Martínez, con semblante relajado y sin presumir de golpeo. Tampoco lo hacen Carreto y Mediano, que le escuchan atentamente. El único que ríe es Herrero, uno de los alumnos más aventajados.
El estilo de Wells
Aunque el más estiloso, coinciden todos, es Mike Wells. «La pega bien», valoran sus compañeros. «Ya había jugado aquí hace cuatro años», advierte Jesús Sala, que también probó los palos, como Víctor Pérez y Nacho Arbués. «¿Que si esto relaja? No tanto, sólo cuando lo haces bien y yo no lo he conseguido», dice Pérez sin rodeos. «Es un deporte de rachas», participa con sorna Arbués.
Desengaños deportivos al margen, Sala asegura que a los jugadores «les ha gustado» y desvela que han tomado la iniciativa porque «esta semana notábamos cansancio mental», tras un mes cargado de partidos.
Además, estas salidas de pista, de parqué, sirven «para cargar las pilas y hacer grupo». «Hasta Stevie, que al principio no quería, se ha animado y se ha divertido», valora el madrileño, que admite haberse «ido lejos» del resto para probar su talento. «Para que no me vean». Sin embargo, no ha evitado el objetivo de las cámaras. «Y he tenido la suerte de dar el mejor golpe en ese momento», presume con alivio mediático.
Prometiendo repetir aventura antes de que termine la temporada, el técnico propone una sesión de 'paintball' para descargar adrenalina junto a los suyos. «He oído que puede ser divertido», se piensa.
Por la tarde, ya con el semblante de trabajo, se ejercitaron todos con normalidad, salvo Navarro, que volverá el viernes tras recibir permiso, y Antón, algo renqueante por una torcedura.





