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Su opinión parte de la realidad que atraviesa el deporte de la bicicleta, hundido en una crisis económica y de apoyo social que ha hecho mucho daño en el mundillo. En vez de aventurar lo que puede llegar, el próximo fin de semana llega la vuelta riojana. Quizá la última, quizá no. Pero el viernes 25, el pelotón de 96 corredores saldrá desde Autol y llegará a Calahorra, pasando por el Alto de Vallaroso, de segunda categoría e «inédito». También se subirá el Alto de las Tres Tetas, tras cruzar Arnedo. En total, 142,4 kilómetros.
La segunda etapa termina en Santo Domingo, veinte años después, tras los 154,6 kilómetros que pedalearán los participantes desde la salida inicial en Lardero. En el recorrido, los altos de La Herrera (primera categoría), Pradilla y Rivas de Tereso.
Y las dos ruedas concluyen en Logroño (salida y llegada), aunque antes de cubrir los 163,9 kilómetros de la etapa, los ciclistas subirán dos puertos de primera cetegoría, en Peña Hincada y La Rasa, «algo que no se ha hecho nunca, porque iremos por su parte más dura», advierte Iglesias sobre una cima que lleva el nombre de su padre Félix, gran valedor de esta prueba en el pasado.
«Más que nombres»
Iglesias destaca a los «equipos, más que a los nombres», en especial a los dos Protour, Caisse D'Eepargne (Arroyo, Pasamontes, Moreno) y Telecom (Fedrigo), aunque avisa sobre las posibilidades de Liberty, Andalucía y Murcia. «Quizá de alguno de esos salga el ganador final», se aventura. También menciona a La Aluminios, de Manuel Zeferino, que «siempre monta equipos guerrilleros».





