«Existe el riesgo de que el proceso de fijación de precios y salarios pueda intensificar las presiones inflacionistas», y en estas circunstancias «resulta crucial que todas las partes asuman sus responsabilidades», observa la autoridad monetaria. E insiste en que, a cualquier coste, «deben evitarse efectos de segunda vuelta derivados del aumento del precio de la energía y de los alimentos sobre la fijación de precios y salarios».
El consejo de gobierno de la entidad considera este comportamiento «fundamental» para mantener la estabilidad de los precios a medio plazo y, lo que entiende más importante, el poder adquisitivo de los ciudadanos. A la autoridad monetaria, que realiza un seguimiento continuo y atento de las negociaciones salariales en los países de la moneda única, le preocupa que, cada vez más, las retribuciones se vinculen a la evolución de los precios de consumo.
Pero la baza principal del Banco Central es la detección de riesgos al alza para la estabilidad de los precios a medio y largo plazo. En febrero, las magnitudes monetarias crecieron el 11,3% -muy por encima del objetivo-, porque, pese a las restricciones del mercado, prosigue el dinamismo en el crecimiento de los préstamos que las instituciones financieras conceden al sector privado. En detalle, el BCE reconoce que las estrecheces de los mercados y su enfriamiento en algunos países -como España-, han frenado el ritmo de aumento de la deuda de los hogares europeos, pero añade que esa contención no se ha trasladado a las empresas.
Hasta febrero, el endeudamiento de las sociedades no financieras de la eurozona mostraba un notable ritmo de crecimiento anual del 14,8%. En general, los préstamos al sector privado interno se han incrementado a un ritmo anual próximo al 11% durante los dos últimos años. Pero el BCE apunta que, pese al endurecimiento de los criterios para la concesión de créditos, la financiación sigue creciendo: las perturbaciones no han afectado a la oferta de crédito en la zona euro.





